Las
semanas pasaron
normal, iba
a clase
por la
mañana y
por la
tarde estudiaba,
a veces
quedaba con
mis amigas
para estudiar,
hacer trabajos,
salir o
pasar la
tarde juntas
y de
vez en
cuando nos
quedábamos a
dormir juntas.
Los fines
de semana
Tomás venía
a verme
o quedábamos
para salir,
incluso, a
veces, nos
veíamos entre
semana. Un
viernes por
la tarde,
en Febrero,
estaba en
casa de
Valeria, cuando
me llegó
un Whatsapp
de Tomás
mientras
estudiaba.
-Tenemos que hablar.
-Estoy terminando de
estudiar Historia, cuando termine te aviso, vale?
-Vale, pero no te olvides.
-Tranqui, no me olvido.
Después de decirme eso,
no era capaz de pensar en otra cosa, ¿Qué querría decirme? Que yo
supiera todo iba bien.
-¡Ro! Vuelve al libro.
–me distrajo.
-Perdona, es que me ha
mandado un mensaje y me ha dejado un poco fuera de juego. –me miró
extrañada. –mira. –le dejé el móvil y lo leyó.
-No se, no tiene por qué
ser malo, es viernes, igual quiere pedirte algo para el fin de
semana.
-¿Y si no? –pregunté
preocupada.
-No
seas angustias
anda, si
están bien.
-Ya, pero… no se.
-Bueno, terminamos de
estudiar esta hoja y ya lo dejamos, ¿vale? –asentí.
Tardamos una media hora en
terminar de estudiar, y luego ella fue a preparar algo de comer y yo
me tiré en su cama con el móvil en las manos.
-Ya estoy. –le envié un
mensaje a Tomás.
-Vale,
a ver,
creo que
lo mejor
para que
todo vaya
bien es
que haya
sinceridad y
así, evitar
malos rollos,
no?
-Sí, claro, que pasa?
-Pues que no me gusta que
siempre que salimos traigas a tu hermano.
-Bueno, eso tiene
solución, además le llevo porque es mi hermano y no me molesta,
pero si a ti si te molesta…
-No es que me moleste, es
que…
-Como
que no?
Si me
lo acabas
de decir,
que no
te gusta
que venga.
–me empecé
a enfadar.
-Bueno,
como tú
digas.
-No,
como yo
diga no,
ponte de
acuerdo y
ya luego
me hablas.
–me enfadé.
-Mira
Ro, me
molesta que
él siempre
esté en
medio, que
sea más
importante que
yo para
ti, igual
que la
tía esa
de la
otra vez
y su
hija.
-Para empezar, la tía esa
y su hija tienen nombre, vale? Me caen bien, y me gusta ayudarlas, si
no lo compartes, no es mi problema, no vayas mas a verlas y ya está,
y de mi hermano… pues sí, para mi es más importante que tu, es mi
hermano y me importa más tener buena relación con él que contigo,
no sé como pones en duda que me importe, tú mismo tienes hermanos.
-Pues no, para mí, tú
eres mucho más importante que mis hermanos y pensaba que para ti era
igual.
-Lo siento, pero no, y me
parece muy mal lo que estás diciendo.
-Pues vale. Si tú piensas
así…
-Pues
claro, tus
hermanos siempre
van a
estar contigo,
pero... y
una pareja?
No recibió el último
mensaje, se desconectó, seguro que se había enfadado. Tiré el
móvil sobre la cama enfadada y salí a la cocina con Valeria.
-Será
imbécil el
tío… -le
comenté.
-¿Qué
pasó? ¿Ya
hablaron? –me
preguntó
mientras cogía
los platos.
–Coge tú
los vasos.
-Mas bien, discutimos. –le
hice caso y la seguí hasta el cuarto.
-¿Pero
por qué?-
curioseó.
-Porque
es gilipollas,
-nos sentamos
en la
cama a
comer- toma,
léelo. –le
di el
móvil y
lo leyó.
-Joder, ¿y ahora?
-No
sé, si
me quiere
volver a
hablar que
lo haga
y si
no que
le den.
–me encogí
de hombros.
-Que poco te ha importado
todo siempre… -rió.
-A ver, yo tengo las cosas
bastante claras, y si él no es capaz de entenderlo… adiós muy
buenas.
-¿Pero estás bien?
-Si, bueno… no mucho,
estaba ilusionada con esto, pero si es lo que hay… ¿Qué le voy a
hacer?
-Pero esta discusión no
significa que se hayan roto, ¿no? ¿O sí?
-No
sé. –Me
encogí de
hombros.- Cuando
le dé
por volver
a hablarme
lo veré,
mientras tanto…
que sufra.
–reímos.
Terminamos de comer y
lavamos los platos. Estábamos tiradas en la cama con los pies en la
pared, viendo la tele al revés.
-Valeria… -me miró. –me
aburro, ¿tú no? –se encogió de hombros.
-¿Qué se te está
ocurriendo? –se removió y quedó sentada en la cama.
-Vamos a dar una vuelta.
–le copié la postura.
-¿Ahora? –Asentí- ¿A
dónde?
-Yo que sé, bajamos a la
calle y ya ahí vemos…
-Como quieras. –se
levantó y puso los zapatos.
-¿Vamos a buscar a Érika
y nos pasamos por el parque a ver quien está? –me puse las
zapatillas.
-Vale.
Salimos de la habitación,
ella cogió las llaves de su casa.
-Mamá, vamos a salir, me
llevo las llaves y el móvil. –avisó.
-¿Y
cuándo van
a volver?
-Cuando el frio me impida
respirar. –bromeé.
-Pues va a ser pronto.
–rió.
Salimos de su casa y
fuimos a la de Érika. Tocamos y salió con nosotras.
-¿Qué hacen aquí?
-Vamos a ir al parque a
dar una vuelta, ¿Vienes? –le preguntó Valeria.
-Claro.
–Cerró la
puerta del
portal y
se puso
a andar.
-¿Y tú
qué haces
aquí?
-Me voy a quedar en casa
de ésta esta noche. –le dije señalando a Valeria.
-Ah guay! ¿No tienes
planes para este finde?
-No,
este fin
de semana
es para
mí. –reí.
-Si claro, ahora…-susurró
Valeria riendo.
Llegamos al parque y había
mucha gente conocida, compañeros de clase y del instituto.
-Ro,
-Érika me
dio un
codazo, la
miré- mira
quien está
ahí –me
susurró.
-Tu
amor platónico.
–susurró
Valeria. Me
quedé mirándole.
–No babees,
¿eh? –rió.
-Llegas
tarde. –reímos.
Caminamos
hasta donde
estaba Ismael
sentado con
dos amigos
hablando.
-Hola
chicos. –saludé
y di
dos besos
a todos,
que los
conocía, excepto
a Ismael.
-Yo también existo,
¿sabes? –me dijo.
-Ya,
ya lo
sé. –le
contesté riendo,
me acerqué
a él
y le
saludé.
-Vaya
que sí
lo sabe…
-escuché a
Érika, Valeria
rió.
-¿Qué
hacen aquí?
¿Con quién
han quedado…?
–preguntó
pícaro uno
de los
chicos, Roberto.
-Con nadie, que nos
aburríamos en casa y bajamos a ver qué ambiente había. –contestó
Valeria.
-Vamos
a dar
una vuelta
a ver
qué tal.
–dijo Érika
empujándome para
seguir caminando.
-No, quédense aquí con
nosotros. –me dijo Ismael cogiéndome de la mano. Yo miré a las
chicas y sonreí poniendo ojitos.
-Bueno vale, nos quedamos
aquí. –accedió Érika.
Nos sentamos con ellos en
el borde de los jardines que rodeaban el parque.
-¿Y de que hablaban?
–pregunté.
-De nada, tonterías.
–contestó otro, Pablo. Asentí.
-¿Qué van a hacer esta
noche? –preguntó Ismael.
-Nada importante, ¿por?
–contesté.
-Porque vamos a salir a
dar una vuelta luego, por si querían venir con nosotros. –nos
propuso.
-¿Y adonde exactamente? –
le dijo Valeria.
-A la pub del padre de
Roberto, ¿vienen?- insistió. Miré a Valeria y se encogió de
hombros.
-No
tenemos nada
que hacer,
pero tenemos
que volver
pronto. –explicó.
-¿Qué hora es pronto?
–curioseó Pablo.
-Como mucho la 1. –le
contestamos.
-Entonces,
¿vienen?
–confirmó
Roberto.
-Yo
sí. –se
apresuró Érika.
Valeria asintió.
-¿Y
tú? –me
miró Ismael.
-Claro. –le sonreí.
-Bueno,
pues… ¿por
qué no
quedamos aquí
a las
9 y
así vamos
todos juntos?
–preguntó
Pablo.
-A mi me parece bien.
–aceptó Érika.
-Pues
nos vamos.
–Dije yo
levantándome.
-Vale, hasta después.
Nos
despedimos y
las chicas
y yo
nos marchamos,
primero fuimos
a acompañar
a Érika
a casa.
-Si llegamos tarde, ¿puedo
quedarme en tu casa? –le preguntó a Valeria.
-Claro, mis padres no van
a estar esta noche. –contestó sonriente.
-No se vale llevar a
nadie, ¿no? –bromeó.
-Está claro. –contestó,
yo reí. –Y tu, -me miró- déjate de ligar con ese, anda.
-¡Ay! Déjame. –reí.
-¿Y Tomás? –preguntó
Érika.
-Bien, en su casa, gracias
por preguntar. –contesté, ella se me quedó mirando.
-Es que han discutido. –le
explicó Valeria.
-¿Han roto? –se
sorprendió.
-No. –contestó Valeria.
-Pero si seguimos así, no
va a quedar mucho para que lo hagamos. –llegamos al portal.
-Que
fuerte. –Contestó
Érika.- bueno,
nos vemos
luego en
el jardín,
¿vale?
-Si quieres te pasamos a
buscar.- ofrecimos.
-No, da igual.
-Como
quieras. –le
dije. – hasta
después. –nos
despedimos con
la mano
y nos
fuimos.
Llegamos a casa de
Valeria.
-¿Ya te quedaste sin
habla, Ro? –preguntó su madre, yo reí.
-Si, pero no por el frío.
–contestó Valeria, continué riendo. –Es que Ismael la ha
invitado a salir esta noche. –su madre se sorprendió y sonrió.
-No
seas mentirosa.
Ismael y
dos más
nos han
invitado a
ella, a
Érika y
a mí
a salir
esta noche.
-Ya,
ya… -Valeria
se fue
a su
cuarto a
preparar las
cosas para
ducharse.
-¿Y van a ir? –preguntó.
-¡Obvio! –contesté
rápidamente.
-Ese niño… Denme horas:
de salida, de entrada…
-Hemos quedado a las 9 en
el parque, y como muy tarde, estaremos aquí a la 1.
-Vale, bien. Llama a tu
madre y díselo.
-Si, ahora le envío un
mensaje. –saqué el móvil y empecé a escribirlo.
-¡Mamá! –gritó
Valeria desde la ducha. –A lo mejor, Érika también se queda esta
noche aquí con nosotras.
-¡Vale! –gritó
imitándola. Reímos.
-Voy a ver qué me pongo.
–le dije dándome la vuelta y caminando por el pasillo hasta la
habitación de Valeria.
Cuando llegué me puse a
rebuscar en la ropa que había llevado, nada me gustaba para salir.
Cogí el portátil y me senté en la cama a poner música. Valeria
llegó del baño.
-¿Qué haces? –me
preguntó mientras habría los cajones y sacaba un montón de ropa
interior.
-Poner música y… ¿tu?
–la miré extrañada.
-Elegir qué bragas me
pongo. –reí.
-¿Me dejas algo? Es que
nada de lo que he traído es para salir de noche con Ismael. –rió.
-Claro, lo que quieras.
Pero antes dúchate. –asentí.
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