El sábado fui la primera en despertarme, miré el reloj, las
8.30h. Me levanté y fui a la cocina a beber agua, cuando volví Valeria ya
estaba despierta.
-Que tempranito te despiertas. –me dijo. -Es
que me duele la espalda, la cabeza y los oídos, y estaba incomoda
acostada.
-¿Quieres tomarte algo? –negué con la cabeza.
-¿Y tú cómo estás? - le
pregunté. -Cansada…
me duele la cabeza. –Rió. –pero lo bien que lo pasamos no tiene precio.
–Reímos. -¿Pero es que no se pueden estar calladitas? –se quejó Érika
levantándose.
-Perdona. –le dije. -Bueno,
ya que estamos todas despiertas, vamos a desayunar. –Valeria se levantó de la
cama y fue a la cocina.
-¿Y tú, cómo estás? -le
pregunté.
-Con
un resacón…
-¿Y
qué bebiste? Si nosotras estamos bien… -le dije.
-Pues… 3 piñas
coladas de aquellas, 1 cubata y 2 chupitos.
-¡Hija de mi vida! Ni que hubiéramos estado toda la noche por ahí
–reí.
-¡Ay!
No hagas ruido escandalosa. –se quejó tapándose los oídos y metiendo la cabeza
debajo de la almohada.
-Pues
no te queda nada… -me levanté y fui a ayudar a Valeria con el desayuno. -Anoche esta se bebió todo lo que pilló, se está muriendo de dolor de
cabeza. –reí.
-Coge una aspirina ahí –señaló un cajón. -y para ti también, a ver si se
te alivian los oídos. –Asentí y las cogí.
Volvimos a la habitación a desayunar. Érika lo hizo sentada
en la cama apoyada en la pared y viendo la tele con el volumen muy bajo,
Valeria estaba sentada en el suelo, con la espalda en la cama y el portátil en
el suelo, y yo, desayunaba sentada en la cama, mirando los mensajes de WhatsApp
de Ismael y las fotos que me había enviado.
-¡Miren, las fotos ya están subidas! –gritó Valeria. -¿Si?
A ver. –solté el móvil y me acosté boca abajo, pudiendo mirar así el ordenador. -Vale… que bien… pero no
griten. –Érika seguía desganada.
Miramos las fotos, habían sido subidas hacia una hora.
-¡Como madrugan estos para poner las fotos…! –reí.
-Es
verdad, no lo había visto. –Valeria rió.
-¿Salgo bebiendo en alguna? –preguntó Érika.
-No. –contestamos. –Descarga esa donde estamos todos juntos, está chula.
–le dije a Valeria, asintió.
-Mejor… -reímos.
Me sonó el móvil y lo miré, un mensaje de WhatsApp. Tomás.
-Que, lo pasaste bien anoche?
-Si,por?
-Por
las fotos que han subido. -Ah, sí, nos las hicimos anoche.
-Son esos con los que saliste?
-Sí.
-Esos
no son de tu clase, son mayores que tu, Ro.
-Ya, y? Son un curso mayor,
tampoco….
-Como que y? Pues que no.
-Te
recuerdo que tú eres mayor que yo, y que esos chicos.
-Y
quien se bebió todo lo que está en la mesa?
-Nosotros.
-Rocío,
eres menor, no puedes beber…
-No?
Pues yo creo que sí, es más, lo hice. -De
verdad, eres una inmadura y una irresponsable, no pensaba que fueras tan
niñata… -Bueno, pues si tan mala soy y no te gusta como soy, ya sabes… -¿? -Que
pases de mí. Total, soy una niñata y tu eres tan responsable y maduro… -A que viene eso?
-A
que voy a seguir siendo como soy y vas a
tener que aprender a vivir con ello, y si no te gusta, pasa de mi. Fin.
-En serio? Es eso lo que
quieres? -En realidad, es lo que hay. -Bien! -Vale.
Estaba muy enfadada, no soporto que nadie me controle y
menos un chico. Solté el móvil sobre la cama.
-Valeria, ¿Ese es mi Facebook? –le pregunte. -Sí, estaba abierto.
-¡Ah,
no importa!, dale “me gusta” a todas donde salga yo.
Nos quedamos mirando las fotos y riendo de lo que hacíamos
en las fotos.
-Buenos días, niñas. –nos saludó la madre de Valeria. -Buenos días. –saludamos. -¿Van
a salir? –nos preguntó. -Sí,
vamos a ir al centro comercial a dar una vuelta. –le contestó -¿En serio? ¿Ahora?
–Érika se volvió a meter en la cama. -Pues si quieren las llevo. –nos ofreció. -Vale,
gracias, mamá.
Nos preparamos y la madre de Valeria nos llevó al centro
comercial. Allí dimos una vuelta, entramos en todas las tiendas aunque lo único
que compré fue una sudadera para mi hermano y volvimos a casa de Valeria
andando por la zona comercial, donde también entramos en algunas tiendas.
-Ya llegamos. –dijo Valeria al entrar en la casa.
-¡Hola!, la comida está hecha, por si quieren comer ya. –nos avisó.
Fuimos a la
habitación, dejamos las bolsas y nos pusimos el pijama de nuevo. Nos preparamos
la comida y volvimos a la habitación a comer viendo la tele y mirando los
Facebook de todas. Nos entró un mensaje al chat.
-¡Hola!
-Ro, te han hablado por el chat. –me avisó Érika. -¿Quién?
–pregunté. -Uh…el amante
bandido. –dijo Valeria. -¿Qué? ¿En serio? –me puse a mirar la pantalla. –Contéstale, contéstale.
-Hola, ¿Qué tal? –le pusieron. -Bien y tú? -Bien, bien. -Qué
hacen esta noche?
-Ro, mira. –rió Érika. -Ponle
que no sabemos. –dije.
-No sé, por? -Por
si querían volver a salir con nosotros, vamos a ir a donde anoche. –ofreció.
-¿Vamos? –Preguntó Valeria. -Si,
porfa, porfa…-imploró Érika. -Venga,
pero tenemos que volver pronto, que yo mañana tengo almuerzo familiar. –accedí.
-Vale, pero tenemos que volver pronto, vale? -Pronto
como anoche? -Vale, no, esta noche podemos
volver a las 2. -Pues, nos vemos donde ayer?
-Vale,
a qué hora? -Las
9? -Vale, nos
vemos allí. -Sí.
-¡Aaaah! Ha vuelto a quedar contigo. –las chicas me
zarandeaban mientras gritaban. -No se emocionen… -les dije. -Bueno,
¿y ahora qué hacemos? –preguntó Valeria. -Pues
yo me voy a ir a mi casa, a terminar deberes y ya luego me preparo. –se levantó
de la cama. –Nos vemos a la noche en el jardín, ¿no? -Sí,
claro. –nos levantamos y la acompañamos a la uerta. -Pues nos vemos luego. –la despedimos y se fue. -¿Y nosotras que
hacemos? –le pregunté a Valeria. -Pues
nos ponemos una peli y nos echamos una siestecita. –sugirió Valeria. -¡Ay
si! Me tomo un calmante y nos acostamos. –le dije.
Pusimos los platos en el lavavajillas, me tomé un calmante y
nos acostamos a ver una película, no había acabado cuando me dormí.
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