viernes, 10 de abril de 2015

CAPÍTULO 38

Pasó el tiempo, me presenté a todos mis exámenes finales, aprobándolos todos. A pesar de lo mal que lo estaba pasando fui capaz de estudiar, al menos, para aprobar con una nota decente, mis amigas y los chicos, con los que ya éramos muy buenos amigos, me apoyaron y ayudaron en todo momento, tanto a superar lo de Tomás, como a estudiar y hacer los trabajos. Y por fin llegó el gran día, por el que tanto habíamos esperado, por el que apuramos hasta los últimos instantes para prepararlo: La Graduación.

Fue un día de mucho estrés, me gradué un sábado por la tarde, y para más inri, a mis compañeros no se les ocurre otra idea que votar por mí para encargarme del discurso y presentación del acto, así que mis nervios no podían estar más a flor de piel.
Cecilia estaba mejor y le habían dado el alta, así que acudió con su familia al acto, al que tampoco faltaron el resto de mi familia, por su puesto mis amigos: Ismael, Roberto y Pablo.
Era la hora de salir, esperábamos que comenzara a sonar la música para comenzar a entrar al teatro, todas teníamos mucho miedo, miedo a caernos por las escaleras, no sería un buen comienzo. Comenzó a sonar la música y comenzamos a bajar por parejas, Érika iba delante de mí con un compañero de clase y Valeria detrás con otro. Al principio estaba muy nerviosa pero cuando vi a mi familia, me sentí muy cómoda, les salude y ellos a mí, no dejaban de tirar fotos y sonreír, el tiempo pasaba muy lento. Buscaba a mis familiares entre la gente y vi una cara muy conocida: Ismael, no dejaba de sonreír y mirarme, le miré y le hice señas de mi nerviosismo, respiró hondo y me guiñó un ojo; sonreí, repetí su acción y seguí bajando, disimuladamente, giré la cara para mirarle, seguía mirándome. Llegué a mi asiento y los chicos hicieron lo posible para dejarme sentar con mi amigas. Me senté y las dos se abalanzaron sobre mí.

-¿Has visto quién vino? -preguntó Érika.
-Si… -contesté avergonzada.
-¿Le habías invitado? -preguntó Valeria.
-Les invitamos todas el otro día. -respondí.
-¿De quién hablas? -se extrañó Érika.
-¿Ismael? -las miré a las dos.
-No… -contestaron

-Ro, te toca. -me anunció mi pareja.
-¿Qué? -miré al escenario y el director me estaba dando paso a hablar, así que bajé los pocos peldaños que me separaban del escenario y subí a él.

Me coloqué en el atril, miré al público, el teatro estaba lleno y yo muerta de miedo.

-Si, ehm…-carraspeé- Buenas noches y gracias a todos por estar aquí, en este acto tan importante para nosotros… -

Seguí hablando sin mirar a un punto fijo, buscando caras conocidas en las que apoyarme: compañeros, conocidos, familiares… de repente vi una cara conocida, Tomás. ¿Qué hacía él aquí? Seguí el protocolo preparado a rajatabla hasta darle la palabra a mi compañero representante de la otra clase. Presentamos el acto, las actuaciones y las orlas del otro curso. Luego nos tocó sentarnos y que los representantes del otro curso presentaran nuestras orlas.

Cuando dijeron mi nombre y salí a buscar mi diploma, estaba feliz, miré a las butacas, a mi familia, vi a mi madre y tías emocionadas, así que se la dediqué: las señalé y les lancé un beso con la mano. No pude evitar emocionarme yo también. Llegué a mi asiento y rompí a llorar.

-No llores, que nos toca salir otra vez. -Me dijo Érika.Asentí.

Y así fue, el director nos llamó a mí y a un par de compañeros mas al escenario a cantar la canción que cerraba el acto. En el primer estribillo pusimos al teatro en pie, y al segundo, hice salir a mis compañeros a cantar con nosotros. Cuando terminó la canción aproveché que tenía un micro en la mano y dediqué unas palabras fuera del guión.

-Muchas gracias a todos los que hoy están aquí, a todos los que nos han apoyado y ayudado, a los que nos fallaron y nos hicieron crecer y a los que estuvieron a nuestro lado cuando nos iba mal. A esos familiares, profesores y amigos, gracias por darnos una segunda oportunidad y enseñarnos que una tercera nunca se da. Gracias.

Todos mis compañeros, aplaudieron a estas palabras. Estaba despistada disfrutando de ese momento, devolviendo el micro y hablando con mis compañeros. De repente noté que alguien me agarró la cara y me besaba.


No sabía quién era pero algo en mi interior se debatía: me gustaría que fuera Tomás, porque creo que todavía estaba enamorada de él, pero por otro lado; no quería que fuera él, no quería tener nada más que ver con él.

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