Pasó el tiempo, me presenté a todos mis exámenes finales,
aprobándolos todos. A pesar de lo mal que lo estaba pasando fui capaz de
estudiar, al menos, para aprobar con una nota decente, mis amigas y los chicos,
con los que ya éramos muy buenos amigos, me apoyaron y ayudaron en todo
momento, tanto a superar lo de Tomás, como a estudiar y hacer los trabajos. Y
por fin llegó el gran día, por el que tanto habíamos esperado, por el que
apuramos hasta los últimos instantes para prepararlo: La Graduación.
Fue un día de mucho estrés, me gradué un sábado por la
tarde, y para más inri, a mis compañeros no se les ocurre otra idea que votar
por mí para encargarme del discurso y presentación del acto, así que mis
nervios no podían estar más a flor de piel.
Cecilia estaba mejor y le habían dado el alta, así que
acudió con su familia al acto, al que tampoco faltaron el resto de mi familia,
por su puesto mis amigos: Ismael, Roberto y Pablo.
Era la hora de salir, esperábamos que comenzara a sonar la
música para comenzar a entrar al teatro, todas teníamos mucho miedo, miedo a
caernos por las escaleras, no sería un buen comienzo. Comenzó a sonar la música
y comenzamos a bajar por parejas, Érika iba delante de mí con un compañero de
clase y Valeria detrás con otro. Al principio estaba muy nerviosa pero cuando
vi a mi familia, me sentí muy cómoda, les salude y ellos a mí, no dejaban de
tirar fotos y sonreír, el tiempo pasaba muy lento. Buscaba a mis familiares
entre la gente y vi una cara muy conocida: Ismael, no dejaba de sonreír y
mirarme, le miré y le hice señas de mi nerviosismo, respiró hondo y me guiñó un
ojo; sonreí, repetí su acción y seguí bajando, disimuladamente, giré la cara
para mirarle, seguía mirándome. Llegué a mi asiento y los chicos hicieron lo
posible para dejarme sentar con mi amigas. Me senté y las dos se abalanzaron
sobre mí.
-¿Has visto quién vino? -preguntó Érika.
-Si… -contesté avergonzada.
-¿Le habías invitado? -preguntó Valeria.
-Les invitamos todas el otro día. -respondí.
-¿De quién hablas? -se extrañó Érika.
-¿Ismael? -las miré a las dos.
-No… -contestaron
-Ro, te toca. -me anunció mi pareja.
-¿Qué? -miré al escenario y el director me estaba dando paso
a hablar, así que bajé los pocos peldaños que me separaban del escenario y subí
a él.
Me coloqué en el atril, miré al público, el teatro estaba
lleno y yo muerta de miedo.
-Si, ehm…-carraspeé- Buenas noches y gracias a todos por
estar aquí, en este acto tan importante para nosotros… -
Seguí hablando sin mirar a un punto fijo, buscando caras
conocidas en las que apoyarme: compañeros, conocidos, familiares… de repente vi
una cara conocida, Tomás. ¿Qué hacía él aquí? Seguí el protocolo preparado a
rajatabla hasta darle la palabra a mi compañero representante de la otra clase.
Presentamos el acto, las actuaciones y las orlas del otro curso. Luego nos tocó
sentarnos y que los representantes del otro curso presentaran nuestras orlas.
Cuando dijeron mi nombre y salí a buscar mi diploma, estaba
feliz, miré a las butacas, a mi familia, vi a mi madre y tías emocionadas, así
que se la dediqué: las señalé y les lancé un beso con la mano. No pude evitar
emocionarme yo también. Llegué a mi asiento y rompí a llorar.
-No llores, que nos toca salir otra vez. -Me dijo
Érika.Asentí.
Y así fue, el director nos llamó a mí y a un par de
compañeros mas al escenario a cantar la canción que cerraba el acto. En el
primer estribillo pusimos al teatro en pie, y al segundo, hice salir a mis
compañeros a cantar con nosotros. Cuando terminó la canción aproveché que tenía
un micro en la mano y dediqué unas palabras fuera del guión.
-Muchas gracias a todos los que hoy están aquí, a todos los
que nos han apoyado y ayudado, a los que nos fallaron y nos hicieron crecer y a
los que estuvieron a nuestro lado cuando nos iba mal. A esos familiares,
profesores y amigos, gracias por darnos una segunda oportunidad y enseñarnos
que una tercera nunca se da. Gracias.
Todos mis compañeros, aplaudieron a estas palabras. Estaba
despistada disfrutando de ese momento, devolviendo el micro y hablando con mis
compañeros. De repente noté que alguien me agarró la cara y me besaba.
No sabía quién era pero algo en mi interior se debatía: me gustaría
que fuera Tomás, porque creo que todavía estaba enamorada de él, pero por otro
lado; no quería que fuera él, no quería tener nada más que ver con él.
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