Cuando terminé
de escribir mi carta, la entregué a las niñas y ellas la leyeron
mientras yo leía las suyas.
-Ro, yo que tú,
me olvidaba de él e intentaría volver con Ismael, y si no, pues
tómate un tiempo para ti. –me aconsejó Valeria.
-Tía, yo pienso
igual. Bueno, no, pienso que deberías pasar de ellos directamente.
Tiempo para ti. –siguió Érika.
-¿Y qué hago
para no pensar en ellos? –pregunté sonriendo.
-Salir con
nosotras. –Rieron las dos.
-¿En serio?
–pregunté.
-Claro. –contestó
Valeria.
Me quedé
pensándolo y la verdad es que no me pareció muy mala idea.
-¿Te quedas a
dormir, Ro? –me preguntó la madre de Valeria. Miré a Valeria.
-Sí, quédate y
así salimos esta noche. –me intentó convencer.
-¿A dónde?
–preguntó Érika.
-Ya buscaremos. –
contestó riéndose.
-Vale, me quedo.
Ahora llamo a mi madre. Gracias.
La madre de
Valeria fue a preparar la cena mientras nosotras hacíamos planes, y
nos preparábamos. Quedamos en ir al karaoke con los chicos y pasar
un buen rato allí.
Cuando estuvimos
preparadas salimos al parque y nos encontramos con los chicos.
Estaban todos: Pablo, Roberto y claro, también Ismael. No sabía
cómo reaccionar después de la conversación que había tenido con
las chicas horas antes.
-¡Hola, chicas!
–nos saludó Pablo muy contento dándonos dos besos a cada una.
-¡Hola!
–contestamos.
-Hacia mucho que
no nos veíamos. –siguió hablando.
-Ya…-contesté,
miré a Ismael tímidamente, él hacía lo mismo. –Hola…-le dije.
-Hola.- contestó
muy normal- ¿dos besos, no?
-Sí, sí. –le
contesté sonriendo. Me acerqué a él y se los di.
Hablamos con los
chicos un rato antes de marchar hacia el karaoke. Íbamos caminando
todos juntos, las chicas hablaban con los chicos muy animadas, yo no
sabía muy bien qué decir e Ismael estaba muy callado. En un momento
de despiste de los demás, que iban muy concentrados en su
conversación, me sujetó del brazo y me hizo señas con la cabeza
para que dejara que los demás se adelantaran un poco.
-¿Estás bien?-
me preguntó.
-Sí. –contesté
fingiendo una sonrisa.
-¿Es por mí?
–me encogí de hombros. –Todo está bien, de verdad.
-¿Seguro?-
pregunté.
-Ro, no te
preocupes, es decir, lo que pasó, pasó. Ahora somos amigos, pero no
significa que no te quiera. Siempre lo he hecho. Cuando todo esté
claro ya veremos qué hacemos. –me explicó.
-Yo… creo que
lo tengo todo claro. –le miré con los ojos humedecidos. Me miró
expectante a que siguiera hablando.- No quiero saber nada mas de
Tomás.
-Eso es genial.
–se alegró y me dio un abrazo. – Por fin te has desenganchado.
Me tienes aquí para lo que quieras.
-Gracias. –le
sonreí.
Cuando llegamos
al karaoke, había muy buen ambiente, había mucha gente joven
cantando y bailando. Saludamos al padre de Roberto y nos sentamos en
nuestra mesa de siempre, como siempre: Valeria con Roberto, llevaban
tonteando mucho tiempo y se besaban de vez en cuando pero nunca se
decidían a salir; Érika y Pablo, se llevaban muy bien, pero ninguno
estaba interesado en el otro; e Ismael y yo, aunque era diferente,
normalmente solía sentarme yo en el borde del sofá y esta vez, lo
hizo él.
Llevábamos un
buen rato allí sentados, hablando y bebiendo. Ismael y yo estábamos
recordando nuestra historia y momentos; yo estaba casi recostada en
mi asiento totalmente girada hacia él, mirándole atontada y él
igual, era un momento muy íntimo, a pesar de estar en un pub. Estaba
totalmente convencida de que iba a pasar algo entre nosotros.
-Ro, vamos a
bailar. –me animó Roberto tirando de mí. No me pude negar y le
acompañé. -¿han vuelto? –me preguntó.
-¿Qué? No.
–negué.
-Vale, perdona.
Es solo que lo parece por cómo estaban hablando y sobre todo, por
cómo te mira él.
-¿Si? ¿Tú
crees? ¿Te ha dicho algo? –me desesperé.
-No, pero le
conozco de siempre y sé que le gustas. –le sonreí ilusionada.-
pero no te hagas ilusiones por si acaso.
-¿Y qué puede
salir mal? Es como al principio, todos juntos aquí, bailando,
hablando… él, yo…
-Como tu creas.
Pero yo en tu lugar, no me flipaba mucho por si acaso. –asentí.
La canción
terminó y volvimos a la mesa riendo. Me senté junto a Ismael.
Estábamos hablando, una chica se acercó y le tocó el hombro.
-¡Hola! –se
agachó y le dio dos besos.
-Hola, Miriam,
¿Qué tal? –Ismael se levantó rápidamente y le dio un abrazo.
Miré
desconcertada a los demás, nadie me miraba: las chicas miraban a la
chica nueva sorprendidas y los chicos miraban alrededor, evitando mi
mirada. Volví a mirar a la chica nueva.
-Chicas, les
presento a Miriam, mi… -me miró.-una amiga. Mi amiga Miriam.
-¿Amiga? –la
chica rió y movió la mano. – Si, tu amiga especial. –rió
mientras nos daba dos besos a todas. Ismael me miró y su expresión
cambió.
-Miriam, ellas
son Valeria, Érika y... ella es Ro
-Rocío. –le
corregí.
-Sí, Rocío,
mi... mi mejor amiga. –me medio sonrío. Le quité la mirada.
-Me encanta tu
nombre. –dijo riendo mientras se sentaba a mi lado.- Si eres su
mejor amiga, nos vamos a llevar bien. –rió.
-Lo dudo. –me
levanté y salí del sofá.
Miré a Ismael,
notaba como quería llorar, pero aguanté, salí a la calle, y me
senté en el banco de la entrada. No quería llorar, pero
inevitablemente las lágrimas me salían solas. Me incliné hacia
adelante, me tapé la cara con las manos y comencé a llorar.
-Te dije que no
te hicieras ilusiones. –levanté la cabeza y era Roberto. Se sentó
a mi lado.
-¿Lo sabías?
–pregunté. Asintió.
-La conoció el
otro día, en una fiesta.
-Le gusta mucho,
¿verdad?
-Él a ella, sí.
Ella a él, no creo.
-¿Entonces eso
de ahí adentro que fue?
-Solo quiere ser
amable con ella.
-“Sí, tu amiga
especial”. –la imité con burla. Rió.
-Para mí, que no
se ha dado cuenta que le está tirando los trastos a lo bestia. Ven.
–me abrazó.
-No hay manera de
que volvamos, ¿verdad? –pregunté secándome los ojos.
-No lo sé. Si
ésta sigue así, igual le confunde. No te preocupes.
-Sabía que
estarías aquí. –levanté la vista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario