jueves, 28 de mayo de 2015

CAPÍTULO 41

Cuando terminé de escribir mi carta, la entregué a las niñas y ellas la leyeron mientras yo leía las suyas.
-Ro, yo que tú, me olvidaba de él e intentaría volver con Ismael, y si no, pues tómate un tiempo para ti. –me aconsejó Valeria.
-Tía, yo pienso igual. Bueno, no, pienso que deberías pasar de ellos directamente. Tiempo para ti. –siguió Érika.
-¿Y qué hago para no pensar en ellos? –pregunté sonriendo.
-Salir con nosotras. –Rieron las dos.
-¿En serio? –pregunté.
-Claro. –contestó Valeria.

Me quedé pensándolo y la verdad es que no me pareció muy mala idea.

-¿Te quedas a dormir, Ro? –me preguntó la madre de Valeria. Miré a Valeria.
-Sí, quédate y así salimos esta noche. –me intentó convencer.
-¿A dónde? –preguntó Érika.
-Ya buscaremos. – contestó riéndose.
-Vale, me quedo. Ahora llamo a mi madre. Gracias.


La madre de Valeria fue a preparar la cena mientras nosotras hacíamos planes, y nos preparábamos. Quedamos en ir al karaoke con los chicos y pasar un buen rato allí.
Cuando estuvimos preparadas salimos al parque y nos encontramos con los chicos. Estaban todos: Pablo, Roberto y claro, también Ismael. No sabía cómo reaccionar después de la conversación que había tenido con las chicas horas antes.

-¡Hola, chicas! –nos saludó Pablo muy contento dándonos dos besos a cada una.
-¡Hola! –contestamos.
-Hacia mucho que no nos veíamos. –siguió hablando.
-Ya…-contesté, miré a Ismael tímidamente, él hacía lo mismo. –Hola…-le dije.
-Hola.- contestó muy normal- ¿dos besos, no?
-Sí, sí. –le contesté sonriendo. Me acerqué a él y se los di.

Hablamos con los chicos un rato antes de marchar hacia el karaoke. Íbamos caminando todos juntos, las chicas hablaban con los chicos muy animadas, yo no sabía muy bien qué decir e Ismael estaba muy callado. En un momento de despiste de los demás, que iban muy concentrados en su conversación, me sujetó del brazo y me hizo señas con la cabeza para que dejara que los demás se adelantaran un poco.

-¿Estás bien?- me preguntó.
-Sí. –contesté fingiendo una sonrisa.
-¿Es por mí? –me encogí de hombros. –Todo está bien, de verdad.
-¿Seguro?- pregunté.
-Ro, no te preocupes, es decir, lo que pasó, pasó. Ahora somos amigos, pero no significa que no te quiera. Siempre lo he hecho. Cuando todo esté claro ya veremos qué hacemos. –me explicó.
-Yo… creo que lo tengo todo claro. –le miré con los ojos humedecidos. Me miró expectante a que siguiera hablando.- No quiero saber nada mas de Tomás.
-Eso es genial. –se alegró y me dio un abrazo. – Por fin te has desenganchado. Me tienes aquí para lo que quieras.
-Gracias. –le sonreí.

Cuando llegamos al karaoke, había muy buen ambiente, había mucha gente joven cantando y bailando. Saludamos al padre de Roberto y nos sentamos en nuestra mesa de siempre, como siempre: Valeria con Roberto, llevaban tonteando mucho tiempo y se besaban de vez en cuando pero nunca se decidían a salir; Érika y Pablo, se llevaban muy bien, pero ninguno estaba interesado en el otro; e Ismael y yo, aunque era diferente, normalmente solía sentarme yo en el borde del sofá y esta vez, lo hizo él.
Llevábamos un buen rato allí sentados, hablando y bebiendo. Ismael y yo estábamos recordando nuestra historia y momentos; yo estaba casi recostada en mi asiento totalmente girada hacia él, mirándole atontada y él igual, era un momento muy íntimo, a pesar de estar en un pub. Estaba totalmente convencida de que iba a pasar algo entre nosotros.

-Ro, vamos a bailar. –me animó Roberto tirando de mí. No me pude negar y le acompañé. -¿han vuelto? –me preguntó.
-¿Qué? No. –negué.
-Vale, perdona. Es solo que lo parece por cómo estaban hablando y sobre todo, por cómo te mira él.
-¿Si? ¿Tú crees? ¿Te ha dicho algo? –me desesperé.
-No, pero le conozco de siempre y sé que le gustas. –le sonreí ilusionada.- pero no te hagas ilusiones por si acaso.
-¿Y qué puede salir mal? Es como al principio, todos juntos aquí, bailando, hablando… él, yo…
-Como tu creas. Pero yo en tu lugar, no me flipaba mucho por si acaso. –asentí.

La canción terminó y volvimos a la mesa riendo. Me senté junto a Ismael. Estábamos hablando, una chica se acercó y le tocó el hombro.

-¡Hola! –se agachó y le dio dos besos.
-Hola, Miriam, ¿Qué tal? –Ismael se levantó rápidamente y le dio un abrazo.

Miré desconcertada a los demás, nadie me miraba: las chicas miraban a la chica nueva sorprendidas y los chicos miraban alrededor, evitando mi mirada. Volví a mirar a la chica nueva.

-Chicas, les presento a Miriam, mi… -me miró.-una amiga. Mi amiga Miriam.
-¿Amiga? –la chica rió y movió la mano. – Si, tu amiga especial. –rió mientras nos daba dos besos a todas. Ismael me miró y su expresión cambió.
-Miriam, ellas son Valeria, Érika y... ella es Ro
-Rocío. –le corregí.
-Sí, Rocío, mi... mi mejor amiga. –me medio sonrío. Le quité la mirada.
-Me encanta tu nombre. –dijo riendo mientras se sentaba a mi lado.- Si eres su mejor amiga, nos vamos a llevar bien. –rió.
-Lo dudo. –me levanté y salí del sofá.

Miré a Ismael, notaba como quería llorar, pero aguanté, salí a la calle, y me senté en el banco de la entrada. No quería llorar, pero inevitablemente las lágrimas me salían solas. Me incliné hacia adelante, me tapé la cara con las manos y comencé a llorar.

-Te dije que no te hicieras ilusiones. –levanté la cabeza y era Roberto. Se sentó a mi lado.
-¿Lo sabías? –pregunté. Asintió.
-La conoció el otro día, en una fiesta.
-Le gusta mucho, ¿verdad?
-Él a ella, sí. Ella a él, no creo.
-¿Entonces eso de ahí adentro que fue?
-Solo quiere ser amable con ella.
-“Sí, tu amiga especial”. –la imité con burla. Rió.
-Para mí, que no se ha dado cuenta que le está tirando los trastos a lo bestia. Ven. –me abrazó.
-No hay manera de que volvamos, ¿verdad? –pregunté secándome los ojos.
-No lo sé. Si ésta sigue así, igual le confunde. No te preocupes.



-Sabía que estarías aquí. –levanté la vista.

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