miércoles, 19 de febrero de 2014

CAPÍTULO 21

Sonreí. Las manos me rodeaban la cintura y la cabeza estaba apoyada en mi hombro.

-¿Por qué lloras, no estás contenta?
-Dios, Tomi, es demasiada presión, tanta emoción… -se me cortó la voz.-No puedo. –volví a llorar. Tomás sonrió.
-Que sensible eres, por favor, yo te creía mas dura de corazón. –sonrió y me dio un beso en la mejilla. Me di la vuelta y me quedé frente a él.
-Estaré cambiando. –Le abracé fuerte hasta que pude dejar de llorar.
-¿Estás mejor, ya? –Asentí. –Pues vamos dentro.

Me agarró de la mano y entramos.

-¿Qué ha pasado? –me preguntó Carola.
-Nada, que me he emocionado bastante desde que he llegado y… –se me cortó la voz e hice una pausa.
-Y no ha aguantado y ha tenido que llorar. –me ayudó Tomás. Yo asentí.
-Cariño…-Carola me abrazó y me volví a emocionar.
-Joder, ya está –me separé de ella- He venido a pasar un buen rato y no he dejado de llorar –me sequé las lágrimas- Ya está. Se acabó. –Todos rieron y yo me uní a ellos.

En ese momento abrieron la puerta y todos nos quedamos mirándola. Entró una señora mayor con una gran sonrisa.

-Hola, mamá. –Carola se acercó a ella y le dio un beso a la vez que le quitaba las bolsas que traía de las manos.
-Hola Carola, hija. –le contestó. –Tenemos invitados.
-Si, ella es Rocío, la chica de la muñeca, él es Tomás, su novio y dentro está su hermano pequeño Carlos, jugando con la niña.
-Ah hola hija, encantada –me dio dos besos –Yo soy Herminia –dio dos besos a Tomás –Hola hijo. –Tomás le correspondió y sonrió.
-¡Hola abuela! –salió de la habitación Cecilia acompañada de Carlitos. –Es abuela. –le dijo.
-Hola abuela. –le dijo Carlitos.
-¡Carlos, no! –le reprendí
-No pasa nada, hija, si a mi no me importa…
-Pero no es un comportamiento adecuado.
-No importa, ya ustedes son como de la familia para nosotras. –Me abaniqué los ojos.
-No llores mas, niña. –me abrazó Tomás y yo sonreí.
-No, no. No lloro.
-¿Merendamos abuela? –preguntó Cecilia
-Si vamos.
-Rocío ha traído un bizcocho.
-¿De verdad? –me preguntó la señora.
-Si, vamos a probarlo, a ver que tal me ha quedado.
-Seguro que bueno. –Dijo Carlitos y yo reí.

Fuimos a la cocina y Carola y yo preparamos chocolate caliente para todos y nos dispusimos a cortar el bizcocho.

-Córtalo tú, Rocío. –me dijo Carola.
-No, no. Córtalo tú que es un regalo. –le dije.
-De acuerdo.

Lo cortó, y merendamos, estaba todo muy bueno. Lo pasamos muy bien. La tarde se pasó en seguida y teníamos que volver a casa.

-Bueno, lo hemos pasado muy bien pero nosotros tenemos que volver a casa.
-Si, que es muy tarde y dije a tu madre que a las 8 ya estaban en casa.
-¿Y cuanto tardan en carretera? –preguntó Carola.
-Una media hora o 45 minutos, mas o menos. –contestó Tomás.
-Pues ya llegamos tardes. –dije.
-Si pero igual no cogemos tráfico y llegamos un poco bien. –dijo.
-Ay mis niños, tengan mucho cuidado en la carretera ahora que es de noche y llevan al niño. –nos dijo Herminia juntando las manos y llevándoselas al pecho.
-Si, claro. Yo solo quiero llevarlos a casa a tiempo. –contestó Tomás.
-Pero a veces llegar a tiempo es no llegar. –dejó caer Carola.
-Lo se, se a qué te refieres. Yo llamo a mi madre y le digo que llegaremos un poco mas tarde y solucionado, ¿Qué me va a decir, que no? –dije yo.
-Yo prefiero que si, que la llames y ya vayan tranquilitos en carretera. –afirmó Carola.
-Eso haremos. –dije. –pero en un rato, cuando nos vayamos. –Reí.
-No, mejor vámonos ya. Que igual luego es muy tarde.
-Si, niños, mejor váyanse que son casi las ocho y es muy de noche ya.
-Bueno, pues voy a llamar a mi madre y avisarla. –Salí del salón y la llamé.

Cuando terminé de llamar volví al salón.

-Bueno, ya he llamado, le he dicho que tardaremos en llegar de 45 minutos a una hora, según el tráfico, para ir tranquilitos. –dije.
-Muy bien, pues vamos. –dijo Tomás.
-Si, vamos. Carlitos, nos vamos.
-¿Ya?
-Si, es muy tarde. Venga.

Se levantó del suelo, donde estaba jugando con Cecilia y se puso a mi lado de pie. Nos despedimos y salimos de la casa. Nos subimos en el coche y a mitad de camino me giré y vi a Carlitos dormido.

-Ya éste se ha dormido.
-Es que ha sido un día duro para él.
-La otra noche la pasamos en el materno, lo tuvieron ingresado y haciéndole pruebas…
-¿Qué dices? ¿Y eso por qué?
-Según el médico un corte de digestión, pero nos tuvieron toda la noche en el materno.
-Pobrecillo. –miró por el espejo retrovisor para mirarle.
-¡¡TOMÁS CUIDADO!!


No hay comentarios:

Publicar un comentario