miércoles, 19 de febrero de 2014

CAPÍTULO 20

Después de una media hora en coche llegamos a la calle donde vivía Carola. Eran las 5 de la tarde y hacía calor o yo estaba muy nerviosa. Tomás buscó donde aparcar y lo hizo, nos bajamos del coche y andamos hasta la puerta del edificio, miré hacia arriba y vi que no era muy grande. Nos acercamos a los timbres y busqué el nombre de “Carola”. Lo encontró Tomás y tocó.

-¿Si?
-Carola, soy Rocio.
-Ah, hola, te abro. –la puerta se abrió.
-Ya, gracias.

Entramos al portal y busqué las escaleras, fui a subir.

-Rocío. –me llamó Tomás, me giré y señaló la puerta de un ascensor.
-Ah bien. Yo que se. – reímos y entramos en él.
-¿Estás contento Carlos? –le preguntó Tomás.
-Si.
-¿Y nervioso? –pregunté yo.
-Un poco y ¿tu?
-Si, mucho.
-¿Y tu, Tomás?
-¿Yo? No. –rió.
-No, Carlitos, es que éste no tiene sentimientos.

Miré de reojo a Tomás que me abrazó inmediatamente y me dio un peso en el pelo y yo me reí.

-No, no tengo sentimientos. Lo que siento por ti es un chiste. – me dijo.
-Pues yo no le veo la gracia…

Llegamos a arriba y el ascensor se abrió. Salimos de él y Carola nos estaba esperando en la puerta de su casa.

-Hola chicos. –Se acercó a nosotros y me dio dos besos –Hola guapo. –se refirió a Carlitos y le dio un beso.
-Hola. –le contestó.
-Hola Carola, te presento a Tomás, mi novio. –le agarré del brazo y le acerqué a mi.
-Hola, encantado. –se acercó a ella y le dio dos besos.
-Vamos pasen, Cecilia está en el salón esperándoles.

Pasamos todos a la casa siguiendo a Carola que nos guió hasta el salón. En él había una niña de unos 8 años, de piel pálida pero aún así, monísima, de pelo largo y moreno.
En cuanto entramos a la habitación, se puso en pie y vino corriendo a mi y me abrazó. No me dio tiempo a reaccionar, así que la abracé.

-Eres Cecilia, ¿verdad? –noté como asentía en mi hombro. – Yo soy Rocío. –se separó de mi un poco, tenía los ojos humedecidos, al verla no pude evitar emocionarme.
-Gracias, gracias.
-¿Por qué? – le pregunté.
-Por el regalo y por estar aquí. –me volvió a abrazar.
-Ay, de verdad, que tontería.

Se separó de mí y se pasó las manos por los ojos para impedir que las lágrimas que estaban a punto de salir de sus ojos lo hicieran. Abrazó a Carlitos y dio dos besos a Tomás.

-Mira, él es Carlitos mi hermano y este chico es Tomás, mi novio.
-Ah, que tienes novio. –dijo sorprendida.
-Si. –Reí.- de hace poco, pero si.
-Hemos traído un bizcocho. –dijo Tomás entregándole el envoltorio a Carola.
-Está recién hecho. –Añadí.-Por si quieres desenvolverlo para que se enfríe más rápido.
-Si, mejor. –dijo Carola yéndose a la cocina con el bizcocho.
-¿Lo has hecho tu? – me preguntó Cecilia.
-Si, solo falta que esté bueno. –bromeó Tomás. Le miré mal.
-Que simpático. –le dije antipática.
-Bueno, ¿y qué te trajeron los Reyes? –le pregunté.
-Vengan que se los enseño.

Me agarró de la mano y tiró de mí hacia el interior de la casa, hasta su cuarto. Yo agarré la mano de Carlitos, y éste la de Tomás. Llegamos hasta su habitación y empezó a sacar ropa, muñecas, juguetes…

-¿Todo esto? –pregunté sorprendida.
-Si, pero mi favorita es esa.

Señaló la muñeca que yo le había regalado, la tenía encima de la cama sentada. Me empecé a emocionar, notaba un nudo en la garganta y cómo los ojos se me humedecían, me di la vuelta y me apoyé en Tomás un instante, negué con la cabeza y puse mi mano en su abdomen y le aparté de la puerta.

-Ahora vengo. –dije con un hilo de voz. Los niños siguieron jugando.


Salí de la habitación y de la casa, me quedé en la entrada con la puerta entornada. No aguanté la presión y rompí a llorar, de pronto noté que me abrazaron desde atrás, me sequé los ojos y giré la cabeza.

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