Después de una media hora en coche
llegamos a la calle donde vivía Carola. Eran las 5 de la tarde y
hacía calor o yo estaba muy nerviosa. Tomás buscó donde aparcar y
lo hizo, nos bajamos del coche y andamos hasta la puerta del
edificio, miré hacia arriba y vi que no era muy grande. Nos
acercamos a los timbres y busqué el nombre de “Carola”. Lo
encontró Tomás y tocó.
-¿Si?
-Carola, soy Rocio.
-Ah, hola, te abro. –la puerta se
abrió.
-Ya, gracias.
Entramos al portal y busqué las
escaleras, fui a subir.
-Rocío. –me llamó Tomás, me giré
y señaló la puerta de un ascensor.
-Ah bien. Yo que se. – reímos y
entramos en él.
-¿Estás contento Carlos? –le
preguntó Tomás.
-Si.
-¿Y nervioso? –pregunté yo.
-Un poco y ¿tu?
-Si, mucho.
-¿Y tu, Tomás?
-¿Yo? No. –rió.
-No, Carlitos, es que éste no tiene
sentimientos.
Miré de reojo a Tomás que me abrazó
inmediatamente y me dio un peso en el pelo y yo me reí.
-No, no tengo sentimientos. Lo que
siento por ti es un chiste. – me dijo.
-Pues yo no le veo la gracia…
Llegamos a arriba y el ascensor se
abrió. Salimos de él y Carola nos estaba esperando en la puerta de
su casa.
-Hola chicos. –Se acercó a nosotros
y me dio dos besos –Hola guapo. –se refirió a Carlitos y le dio
un beso.
-Hola. –le contestó.
-Hola Carola, te presento a Tomás, mi
novio. –le agarré del brazo y le acerqué a mi.
-Hola, encantado. –se acercó a ella
y le dio dos besos.
-Vamos pasen, Cecilia está en el salón
esperándoles.
Pasamos todos a la casa siguiendo a
Carola que nos guió hasta el salón. En él había una niña de unos
8 años, de piel pálida pero aún así, monísima, de pelo largo y
moreno.
En cuanto entramos a la habitación, se
puso en pie y vino corriendo a mi y me abrazó. No me dio tiempo a
reaccionar, así que la abracé.
-Eres Cecilia, ¿verdad? –noté como
asentía en mi hombro. – Yo soy Rocío. –se separó de mi un
poco, tenía los ojos humedecidos, al verla no pude evitar
emocionarme.
-Gracias, gracias.
-¿Por qué? – le pregunté.
-Por el regalo y por estar aquí. –me
volvió a abrazar.
-Ay, de verdad, que tontería.
Se separó de mí y se pasó las manos
por los ojos para impedir que las lágrimas que estaban a punto de
salir de sus ojos lo hicieran. Abrazó a Carlitos y dio dos besos a
Tomás.
-Mira, él es Carlitos mi hermano y
este chico es Tomás, mi novio.
-Ah, que tienes novio. –dijo
sorprendida.
-Si. –Reí.- de hace poco, pero si.
-Hemos traído un bizcocho. –dijo
Tomás entregándole el envoltorio a Carola.
-Está recién hecho. –Añadí.-Por
si quieres desenvolverlo para que se enfríe más rápido.
-Si, mejor. –dijo Carola yéndose a
la cocina con el bizcocho.
-¿Lo has hecho tu? – me preguntó
Cecilia.
-Si, solo falta que esté bueno.
–bromeó Tomás. Le miré mal.
-Que simpático. –le dije antipática.
-Bueno, ¿y qué te trajeron los Reyes?
–le pregunté.
-Vengan que se los enseño.
Me agarró de la mano y tiró de mí
hacia el interior de la casa, hasta su cuarto. Yo agarré la mano de
Carlitos, y éste la de Tomás. Llegamos hasta su habitación y
empezó a sacar ropa, muñecas, juguetes…
-¿Todo esto? –pregunté sorprendida.
-Si, pero mi favorita es esa.
Señaló la muñeca que yo le había
regalado, la tenía encima de la cama sentada. Me empecé a
emocionar, notaba un nudo en la garganta y cómo los ojos se me
humedecían, me di la vuelta y me apoyé en Tomás un instante, negué
con la cabeza y puse mi mano en su abdomen y le aparté de la puerta.
-Ahora vengo. –dije con un hilo de
voz. Los niños siguieron jugando.
Salí de la habitación y de la casa,
me quedé en la entrada con la puerta entornada. No aguanté la
presión y rompí a llorar, de pronto noté que me abrazaron desde
atrás, me sequé los ojos y giré la cabeza.
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