-¡Ro, la puerta! - me gritó mi hermano.
-¡Vale, gracias por la información! -bromeé.
Me dirigí a la puerta y abrí. Me encontré a una sonriente
Cecilia, a Carola un poco más seria y a su madre, Herminia, sonriendo
levemente.
-¡Hola! ¿Cómo están? - les saludé, me alegré mucho de
verles, y les di dos besos. -Entren. -les hice una seña con la mano
invitándoles a pasar.
-¡Hola Cecilia! -Carlos se alegró de verla y corrió a
abrazarla.
Mi madre salió de la cocina y las saludó.
-Por favor, no se queden ahí, pasen al salón. -Caminamos
todos juntos hasta la sala. -Yo soy Rocío, la madre de estos trastos. -Rió.
-¡Para nada! Son una maravilla de niños, de verdad. -nos
halagó Herminia.
-Hemos traído unos dulces para el postre… -anunció Carola. Estiró
la mano y nos los ofreció. -Mejor que estén en la nevera. -Yo asentí y cogí la
bandeja con las dos manos.
-¿Para qué han traído nada? -les preguntó mi madre.
-Porque nos apetecía no aparecer con las manos vacías.
-explicó la abuela.
-Bueno, pero no hacía falta. -les dijo mi madre. -Comeremos
en cuanto llegue mi marido de trabajar, -miró el reloj- que no debe de tardar
mucho en llegar.
Los niños se fueron a jugar a la habitación de Carlitos, y
los demás nos quedamos en el salón hablando hasta que llegó mi padre.
-Buenas tardes… -entró mi padre en casa.
-¡Papá! -Carlitos gritaba desde su cuarto hasta llegar a su
altura y abrazarle.
-Hola, peque. -le saludó- llegó al salón y nos saludó a
todas. -Buenas tardes.
Carola y Herminia se levantaron y dieron dos besos a mi
padre, se presentaron. Luego me dio un beso a mí y otro a mi madre.
-Anda, ve a ducharte que vamos a comer. -le dijo mi madre,
él asintió.
En lo que él se duchaba, Carola y yo preparábamos la mesa para
comer y mi madre servía la comida. Cuando todo estuvo preparado llamé a los
niños. Comimos, recogimos la mesa y nos sentamos todos en el salón a hablar.
-Rocío, ¿puedo pedirte un favor? -me preguntó Carola.
-Sí, claro. Dime. -Asentí.
-Verás es que la semana que viene voy a salir de viaje y me
preguntaba si tú podrías quedarte con la tortuguita de Cecilia, y cuidarla. -me
explicó.
-Sí, claro. No hay problema. ¿Y cuanto tiempo se van? -me
interesé.
-Pues nos vamos tres días a Madrid. -comenzó.
-Ah, que bien, ¿y eso? -intervino mi madre.
-Vamos a ir a Sálvame, ¿sabes que últimamente tienen una
pequeña sección donde una familia cuenta la enfermedad de sus hijos? Pues he
llamado y me han aceptado la entrevista, y voy a aprovechar esta oportunidad
para dar a conocer la situación de Cecilia y comprobar si alguien puede
ayudarme.
-Me parece genial. -dije.- A ver si tienen suerte y
consigues saber qué le pasa. -ella asintió.
-Oye, si necesitan que las alcance al aeropuerto o algo,
díganmelo que yo las llevo y las voy a buscar, ¿eh?- ofreció mi madre.
-Sería un gran favor. Salimos el martes a las 11 y volvemos
el viernes a las 21. -nos explicó.
-Pues no te preocupes, el martes a las 9 estoy en tu casa y
las llevo. -afirmó.
-Yo tengo clase y un examen el martes, pero las puedo ir a
buscar el viernes. -excusé.
-Gracias por todo, de verdad. -agradeció Herminia. Mi madre
le sonrió quitándole importancia con un ligero movimiento de cabeza.
-¿Y cuando salen en la tele? -pregunté.
-El miércoles. ¿Nos verás? -dijo riendo.
-Claro, y si no yo, mi madre. -reí.
Pasamos el resto de la tarde hablando y conociéndonos mejor,
hasta que empezó a anochecer y tuvieron que volver a su casa. Una vez que se
fueron, nosotros volvimos a la rutina, nos duchamos, cenamos y preparamos las
cosas para el día siguiente, cuando todo estuvo listo, Carlitos y yo nos fuimos
a dormir, y mis padres se quedaron en el salón hablando.
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