Me sonó el
despertador. Era lunes y no me apetecía nada ir al instituto, estaba muy
cansada, me dolía todo: la cabeza, la garganta, la espalda… un fin de semana
demasiado ajetreado. Lo paré y me di la vuelta, dormiría 5 o 10 minutillos más.
-Rocío, las 7.15, levántate. -Abrí los ojos y vi a mi padre muy despierto.
-¿Qué hora?
-pregunté adormilada.
-Y cuarto,
venga, arriba. -miré el reloj, tenía razón.
-¡Llego tarde!
-me levanté y con la misma me metí las zapatillas.
Fui a desayunar y luego me preparé, Carlitos estaba ya levantado cuando salí del baño. Me vestí rápidamente con lo primero que vi en el armario, me peiné y a las 7.40 ya estaba preparada.
-Ya yo estoy. -informé.
-¿Tu qué?
¿Cuánto más tarde te levantas más pronto sales de casa? -se sorprendió. Mi
respuesta fue encogerme de hombros.
Llegué al instituto escasos minutos antes de que sonara el timbre. Subí las escaleras lo más rápido que pude y corrí por el pasillo, ya estaba totalmente despejado. Era el segundo timbre, con lo cual, ya llegaba tarde. Encontré la clase a la que tenía que ir y abrí la puerta apresuradamente. No conocía nadie de los que estaban dentro. Barrí la clase con la mirada, muy extrañada, buscando una cara conocida o algún profesor. Era la profesora que me había dado inglés el año anterior la que se encontraba en la clase y me miraba sorprendida.
-¿Dónde…? -pregunté casis sin aliento, extrañada.
-En el aula 208.
-me indicó una voz conocida. Le busqué, era Ismael.
-Gracias. -le
sonreí- perdón, Ana. -me disculpé a la profesora que me sonrió y cerré la
puerta.
Miré el número del aula: 202. Tenía que ir hasta el final del pasillo para encontrar a mi grupo, caminé ligera mirando el número de cada puerta hasta que la encontré, la 208. Toqué, y con timidez, abrí la puerta. Todos estaban sentados en grupos, busqué a la profesora y no la encontré, miré a mis compañeras sentadas en primera fila.
-No vino. -me informaron. Entré tranquila.
-Pues vaya
gracia… -dije desanimada mientras me sentaba.
-¿Qué te pasó?
-reía Valeria.
-Corriendo por las
escaleras y el pasillo para no llegar tarde, abro la puerta de clase y me
encuentro a la clase de Ismael, que estaban con Ana, me dicen que están aquí,
corro para no llegar tarde y ¿resulta que no vino? Empiezo bien la semana.
-expliqué un poco indignada, sacando un libro para leer.
-Tranquila.
-reía- al menos has visto a Ismael.
-Eso sí. -reí-
oye, -me giré en la silla mirando a todos mis compañeros- ¿y Érika?
-No viene, está
fatal del estomago: con vómitos… y movidas.
-Pobre… -me
lamenté.
-Es que hay un
virus suelto por ahí. -intervino Judith, una compañera de clase que se solía
sentar conmigo.
-Sí, le llaman
Vodka. -bromeé, Valeria rió.
La primera hora se pasó bastante rápido, suele pasar cuando no hay profesor, en general todo el día se pasó bastante rápido, excepto las dos últimas horas, que tocaba Historia y Ciencias. Sexta y última hora, por fin. Entramos en la clase y nos sentamos por parejas.
-Buenas tardes. -saludó don Miguel.
-Buenas tardes.
-respondimos las chicas de las tres primeras filas.
-Hoy van a
ponerse en grupos de cuatro, que vamos a empezar un proyecto que hay que
entregar el viernes como último día.
Valeria, Judith y yo nos pusimos juntas.
-He dicho cuatro. -nos recriminó.
-Sí, pero Érika
no ha venido hoy y seguramente lo hará con nosotras. -expliqué.
-De acuerdo.
-asintió y acudió a la pizarra a explicar el proyecto.
-Este año te
ama, ¿eh? -bromeó Valeria.
-Se ha dado
cuenta de lo que valgo. -dije haciéndome la importante con un gesto de
superioridad.
Las dos chicas rieron mientras yo, con aire de importancia, fingía prestar atención. Cuando lo terminó de explicar tuvimos que comenzarlo en clase.
-¿Cuándo quedamos para terminarlo? -pregunté.
-Hoy no, porque
mañana tenemos el examen de Lengua. -dijo Judith. -¿Mañana?
-¿Mañana? Que
va, el miércoles hay que entregar el comentario de texto de Historia. -dije.
-¿pasado?
-No hay nada,
¿no? -confirmó Valeria.
-No.
-contestamos.
-Pues el
miércoles, a las… ¿16.30? -pregunté.
-Vale. -todas
estuvimos de acuerdo.
-Chicas, ¿Cómo van?
-nos preguntó el profesor.
-Bien, solo que
no encontramos la manera de redactar el descubrimiento de este hombre sin tener
que nombrar todos sus anteriores experimentos. -le contestó Judith.
-Pregúntenle a
su compañera, -me miró sonriente. - que lo hizo bastante bien en el trabajo que
entregó por correo antes de Navidad. -yo le miré y le sonreí agradecida por el
comentario, ya que nunca quiso decir la nota de ese trabajo.
-Si solo es eso,
sigo con otro grupo. -dijo. Asentimos y se fue.
-¿VES? ¿Qué le hiciste
en verano? -me preguntaron.
-Brujería…
-contesté en tono irónico- ¡NADA! A mi también me resulta extraño que me trate
tan bien. -confesé.
Comenzamos a escribir mientras bromeábamos y hablábamos hasta que se terminó la clase. Nos despedimos del profesor y nos fuimos. Fui a buscar a Carlitos al colegio, llegué a casa y comí, luego me puse a estudiar y hacer deberes. Escuché el timbre.
-¡Rocío! ¡Es para ti! -me dijo mi madre desde la puerta de mi habitación.
Salí y eran Carola y Cecilia.
-Hola, ¿Qué tal? - las saludé. Me dieron dos besos y entraron a casa.
-Te traemos a mi
tortuga. -me explicó Cecilia.
-¿Ah sí? A
verla… -la niña me dio una pequeña pecera con una tortuguita muy pequeña. -Que
chula, ¿Cómo se llama?
-Atreyu.
-Que nombre más
bonito… -dije.
-Lo leyó una vez
en un libro y no se le quita de la cabeza… -rió Carola.
-Pues yo nunca
lo he escuchado. -reconocí - ¿Café? -ofrecí.
-Si, vale,
gracias. -Carola se sentó en la silla del comedor y Cecilia en el sofá a ver la
tele.
-Voy a buscar a
Carlitos, que estará dormido. -dije.
Fui hasta la
habitación de mi hermano y le abri la puerta, efectivamente, estaba dormido. Me
acerqué a la cama y le moví un poco.
-Carlos, Cecilia está en el salón, ¿Quieres ir a jugar con ella? -abrió los ojos y me miró.
-¿Cecilia?
-preguntó desorientado.
-Si, está fuera
viendo la tele.
Se levantó y
corrió al salón a verla, me dejó atrás en el pasillo, incluso. Volví con Carola
y mi madre, que ya estaban tomando café. Estuvieron en mi casa alrededor de
hora y media, mientras hablaban de los horarios de los aviones y a qué hora
iría mi madre a buscarla a casa.
-Bueno, nosotras
nos tenemos que ir que aun no hemos terminado las maletas. -dijo Carola
poniéndose en pie.
-¿Tanto vas a
llevar presumida? -me referí a Cecilia que rió.
-Nos vemos
mañana. -dijo mi madre.
-Si, muchas
gracias por todo. -agradeció abrazando a mi madre.- Y a ti también. -me abrazó.
-De nada, espero
que todo vaya muy bien. Hasta el viernes. -me despedí.
Las chicas nos
dieron dos besos y salieron de casa, yo volví a mi habitación a estudiar para
el examen de Legua.
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