domingo, 25 de mayo de 2014

CAPÍTULO 32

Me sonó el despertador. Era lunes y no me apetecía nada ir al instituto, estaba muy cansada, me dolía todo: la cabeza, la garganta, la espalda… un fin de semana demasiado ajetreado. Lo paré y me di la vuelta, dormiría 5 o 10 minutillos más.

-Rocío, las 7.15, levántate. -Abrí los ojos y vi a mi padre muy despierto.
-¿Qué hora? -pregunté adormilada.
-Y cuarto, venga, arriba. -miré el reloj, tenía razón.
-¡Llego tarde! -me levanté y con la misma me metí las zapatillas.

Fui a desayunar y luego me preparé, Carlitos estaba ya levantado cuando salí del baño. Me vestí rápidamente con lo primero que vi en el armario, me peiné y a las 7.40 ya estaba preparada.

-Ya yo estoy. -informé.
-¿Tu qué? ¿Cuánto más tarde te levantas más pronto sales de casa? -se sorprendió. Mi respuesta fue encogerme de hombros.

Llegué al instituto escasos minutos antes de que sonara el timbre. Subí las escaleras lo más rápido que pude y corrí por el pasillo, ya estaba totalmente despejado. Era el segundo timbre, con lo cual, ya llegaba tarde. Encontré la clase a la que tenía que ir y abrí la puerta apresuradamente. No conocía nadie de los que estaban dentro. Barrí la clase con la mirada, muy extrañada, buscando una cara conocida o algún profesor. Era la profesora que me había dado inglés el año anterior la que se encontraba en la clase y me miraba sorprendida.

-¿Dónde…? -pregunté casis sin aliento, extrañada.
-En el aula 208. -me indicó una voz conocida. Le busqué, era Ismael.
-Gracias. -le sonreí- perdón, Ana. -me disculpé a la profesora que me sonrió y cerré la puerta.

Miré el número del aula: 202. Tenía que ir hasta el final del pasillo para encontrar a mi grupo, caminé ligera mirando el número de cada puerta hasta que la encontré, la 208. Toqué, y con timidez, abrí la puerta. Todos estaban sentados en grupos, busqué a la profesora y no la encontré, miré a mis compañeras sentadas en primera fila.

-No vino. -me informaron.  Entré tranquila.
-Pues vaya gracia… -dije desanimada mientras me sentaba.
-¿Qué te pasó? -reía Valeria.
-Corriendo por las escaleras y el pasillo para no llegar tarde, abro la puerta de clase y me encuentro a la clase de Ismael, que estaban con Ana, me dicen que están aquí, corro para no llegar tarde y ¿resulta que no vino? Empiezo bien la semana. -expliqué un poco indignada, sacando un libro para leer.
-Tranquila. -reía- al menos has visto a Ismael.
-Eso sí. -reí- oye, -me giré en la silla mirando a todos mis compañeros- ¿y Érika?
-No viene, está fatal del estomago: con vómitos… y movidas.
-Pobre… -me lamenté.
-Es que hay un virus suelto por ahí. -intervino Judith, una compañera de clase que se solía sentar conmigo.
-Sí, le llaman Vodka. -bromeé, Valeria rió.

La primera hora se pasó bastante rápido, suele pasar cuando no hay profesor, en general todo el día se pasó bastante rápido, excepto las dos últimas horas, que tocaba Historia y Ciencias. Sexta y última hora, por fin. Entramos en la clase y nos sentamos por parejas.

-Buenas tardes. -saludó don Miguel.
-Buenas tardes. -respondimos las chicas de las tres primeras filas.
-Hoy van a ponerse en grupos de cuatro, que vamos a empezar un proyecto que hay que entregar el viernes como último día.

Valeria, Judith y yo nos pusimos juntas.

-He dicho cuatro. -nos recriminó.
-Sí, pero Érika no ha venido hoy y seguramente lo hará con nosotras. -expliqué.
-De acuerdo. -asintió y acudió a la pizarra a explicar el proyecto.
-Este año te ama, ¿eh? -bromeó Valeria.
-Se ha dado cuenta de lo que valgo. -dije haciéndome la importante con un gesto de superioridad.

Las dos chicas rieron mientras yo, con aire de importancia, fingía prestar atención. Cuando lo terminó de explicar tuvimos que comenzarlo en clase.

-¿Cuándo quedamos para terminarlo? -pregunté.
-Hoy no, porque mañana tenemos el examen de Lengua. -dijo Judith. -¿Mañana?
-¿Mañana? Que va, el miércoles hay que entregar el comentario de texto de Historia. -dije. -¿pasado?
-No hay nada, ¿no? -confirmó Valeria.
-No. -contestamos.
-Pues el miércoles, a las… ¿16.30? -pregunté.
-Vale. -todas estuvimos de acuerdo.
-Chicas, ¿Cómo van? -nos preguntó el profesor.
-Bien, solo que no encontramos la manera de redactar el descubrimiento de este hombre sin tener que nombrar todos sus anteriores experimentos. -le contestó Judith.
-Pregúntenle a su compañera, -me miró sonriente. - que lo hizo bastante bien en el trabajo que entregó por correo antes de Navidad. -yo le miré y le sonreí agradecida por el comentario, ya que nunca quiso decir la nota de ese trabajo.
-Si solo es eso, sigo con otro grupo. -dijo. Asentimos y se fue.
-¿VES? ¿Qué le hiciste en verano? -me preguntaron.
-Brujería… -contesté en tono irónico- ¡NADA! A mi también me resulta extraño que me trate tan bien. -confesé.

Comenzamos a escribir mientras bromeábamos y hablábamos hasta que se terminó la clase. Nos despedimos del profesor y nos fuimos. Fui a buscar a Carlitos al colegio, llegué a casa y comí, luego me puse a estudiar y hacer deberes. Escuché el timbre.

-¡Rocío! ¡Es para ti! -me dijo mi madre desde la puerta de mi habitación.

Salí y eran Carola y Cecilia.

-Hola, ¿Qué tal? - las saludé. Me dieron dos besos y entraron a casa.
-Te traemos a mi tortuga. -me explicó Cecilia.
-¿Ah sí? A verla… -la niña me dio una pequeña pecera con una tortuguita muy pequeña. -Que chula, ¿Cómo se llama?
-Atreyu.
-Que nombre más bonito… -dije.
-Lo leyó una vez en un libro y no se le quita de la cabeza… -rió Carola.
-Pues yo nunca lo he escuchado. -reconocí - ¿Café? -ofrecí.
-Si, vale, gracias. -Carola se sentó en la silla del comedor y Cecilia en el sofá a ver la tele.
-Voy a buscar a Carlitos, que estará dormido. -dije.

Fui hasta la habitación de mi hermano y le abri la puerta, efectivamente, estaba dormido. Me acerqué a la cama y le moví un poco.

-Carlos, Cecilia está en el salón, ¿Quieres ir a jugar con ella? -abrió los ojos y me miró.
-¿Cecilia? -preguntó desorientado.
-Si, está fuera viendo la tele.

Se levantó y corrió al salón a verla, me dejó atrás en el pasillo, incluso. Volví con Carola y mi madre, que ya estaban tomando café. Estuvieron en mi casa alrededor de hora y media, mientras hablaban de los horarios de los aviones y a qué hora iría mi madre a buscarla a casa.

-Bueno, nosotras nos tenemos que ir que aun no hemos terminado las maletas. -dijo Carola poniéndose en pie.
-¿Tanto vas a llevar presumida? -me referí a Cecilia que rió.
-Nos vemos mañana. -dijo mi madre.
-Si, muchas gracias por todo. -agradeció abrazando a mi madre.- Y a ti también. -me abrazó.
-De nada, espero que todo vaya muy bien. Hasta el viernes. -me despedí.


Las chicas nos dieron dos besos y salieron de casa, yo volví a mi habitación a estudiar para el examen de Legua.

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