El tiempo pasó, Tomás y yo seguíamos saliendo juntos, aunque
seguíamos discutiendo, siempre lo solucionábamos, mis amigas estaban empezando
a cansarse de nuestras crisis y me recomendaban una y otra vez que terminara la
relación, a lo que yo, me negaba rotundamente. Cecilia y mi hermano se hicieron
muy amigos, y Carola y mis padres también, nos veíamos como mínimo una vez a la
semana, estábamos siendo un gran apoyo para su familia. Llegó el día del
cumpleaños de Carola, el 20 de febrero. Ella no sabía nada pero Herminia, su
madre, y nosotros le habíamos preparado una pequeña sorpresa: íbamos a
celebrarle su cumpleaños. Tomás y yo habíamos discutido y llevábamos días sin
hablar, pero eso no importaba.
Fuimos a casa de Carola y tocamos el timbre, nos abrió
Herminia.
-Hola, pasen, pasen, no ha llegado del trabajo. -nos
recibió.
Entramos en la casa y le preparamos unos globos, unos
sándwiches y abrimos algunos paquetes de golosinas. Acabábamos de terminar de
prepararlo cuando ella llegó a casa.
-¡Hola! ¿Qué tal? No les esperaba hoy. -entró en la casa y
nos dio dos besos a cada uno.
-¿Cómo no íbamos a venir el día de tu cumpleaños? -le dijo
mi madre.
-¡Ay! Se han acordado… -apuntó cariñosa.
-Pues claro. -reímos todos.
Pasamos la tarde en su casa, pero algo no iba bien, Cecilia
no estaba risueña, ni animada como normalmente, al contrario, no quería jugar
con Carlitos, se limitaba a estar sentada en el sofá mirándonos. Además, estaba
más pálida de lo normal y no le apetecía comer.
-¿Qué te pasa, Ceci, te encuentras bien? -le pregunté
sentándome a su lado.
-No mucho…
-¿Por qué? -insistí.
-Tengo náuseas. No me encuentro bien.
-¿Quieres beber algo a ver si se te pasa? -negó con la
cabeza.
-Prefiero irme a acostar un rato. -se incorporó y se
levantó.- Adiós. -nos dijo.
-¿Adiós? ¿A dónde vas? -le preguntó Herminia.
-A acostarme, no me encuentro bien. -dijo poniéndose la mano
en la frente.
-Déjame ver. -Carola se acercó a ella y le puso la mano en
la frente.- fiebre no tienes, pero si prefieres dormir…
-Adiós. -nos despedimos de ella y se fue a su habitación.
-¿Qué le pasa? -me preguntó Carlitos.
-No sé, no se encuentra bien. -le contesté.
Nos quedamos solo un rato más y luego ayudamos a Carola a
recoger, nos despedimos y nos fuimos. De vuelta a casa, en el coche, surgió la
conversación.
-Que raro, ¿no? Que la niña se fuera… -comentó mi padre.
-Lo raro es que no haya querido jugar, ni comer, y que ni
siquiera se haya reído. -corregí.
-¿Está mala? -preguntó Carlitos.
-No sé. -dijo mi madre.- Es posible.
Llegamos a casa y envié un mensaje de WhatsApp a Carola.
-Que tal la niña?
-Durmiendo.
-Es raro que estuviera así, no?
-Si. Habrá pillado algo…
-Bueno, cualquier cosa, ya sabes.
-Si, gracias. Buenas noches.
-Buenas noches. Besos.
En casa ya estábamos todo acostados y dormidos cuando sonó
el teléfono, era alrededor de las 3. Lo cogió mi madre, era su móvil.
-¿Si?/Claro, ahora mismo vamos/ ¿Necesitan algo?/ No, no
pasa nada. Tranquila, nos vemos en 10 minutos.
Al escuchar esa conversación me extrañé y me levanté a ver
qué pasaba.
-¿Quién era mamá?
-Carola, que la niña está mal. -me contestó mientras se
vestía rápidamente.
-¿Qué pasa? -se despertó mi padre.
-Carola, que va al hospital. Quédate aquí con los niños. -le
contestó.
-De eso no queda, yo voy contigo.
Me di la vuelta sin dar tiempo a que mi madre respondiera y
salí de su habitación. Fui a la mía y me puse el primer vaquero que vi, una
camiseta y unas playeras, cogí una sudadera para mí y otra por si Carola no
había llevado. La metí en mi bolso, junto con la cartera y el móvil. Cuando fui
salir me vi en el espejo, no me había peinado, me recogí el pelo en un moño y
miré a la mesilla: 3.45h vi en el reloj, cogí la botella de agua y la metí en
el bolso. Salí de mi habitación y mi madre estaba cogiendo su bolso y las
llaves del coche.
-¿Ya? -me preguntó, asentí y salimos de casa.
-¿Qué ha pasado? -le pregunté poniéndome el cinturón.
-Cecilia no ha dejado de vomitar y como no ha comido, ha
empezado a echar sangre, se ha asustado y va para urgencias con ella. -me
explicó mientras conducía.
-Mamá, ¿será grave? -me preocupé.
-Bueno no es. -me miró un segundo y volvió la vista a la
carretera.- Y sabiendo cómo está de salud… no se que puede ser.
-Puede que sea de su enfermedad, ¿no? Quiero decir, no es
normal que pasé eso a alguien tan pequeño.
-Ni pequeño, ni mayor.- contestó.
Fue lo único que hablamos en todo el camino, de resto solo
hubo silencio hasta llegar al hospital. Aparcamos rápidamente y entramos en
urgencias en busca de Carola.
-Allí está. -me dijo mi madre señalándola.
-Hola, gracias por venir. -estaba llorosa y preocupada, abrazó
a mi madre y comenzó a llorar.
-No pasa nada, ¿Cómo está? -preguntó.
-Dentro, no me quieren dejar pasar a verla.
-¿y tu madre? -le pregunté.
-En la cafetería, ha ido a buscar algo aliente para beber.
Hace frio. -explicó.
-Toma, te he traído esto por si tenías frio. -busqué en mi
bolso y le saqué la sudadera.
-Gracias. -la cogió y se la puso.
Poco rato después apareció Herminia con dos infusiones en la
mano: una para ella y otra para Carola.
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