Pasamos horas en urgencias esperando que nos dieran noticias de Cecilia. A las 5.30h llamaron a Carola, podía pasar a verla: estaba inconsciente, había vomitado mucho, lo que le causó una gran deshidratación, además de su enfermedad. Los médicos no eran capaces de saber si era algo normal en su enfermedad o le pasó porque tenía que pasarle. Cuando Carola salió, pasó a verla Herminia, luego mi madre y por último me dejaron pasar a mí. Entré muy despacio, con miedo y pensando en qué iba a ver o cómo la iba a encontrar, me asustaba la idea de verla mal y que me impresionase, iba pensando cuando una enfermera me sacó de mis pensamientos.
-¿A quién buscas? -me preguntó.
-A Cecilia, una niña de 8 años… -expliqué.
-Sí, ven, que te acompaño. -comenzó a andar.- ¿Qué eres, familiar?
-Sí. ¿Cómo está? ¿Me impresionaré?
-Según qué es lo que te impresiona. Tiene mangueritas y tubos. -la miré y bufé. -Aquí es.
Paró al lado de una cortina y la señaló, acto seguido siguió su camino hacia otro box. Me paré a mirar la gran cortina blanca que me impedía ver a mi pequeña amiga. Cogí aire muy profundamente y sujeté un extremo de la cortina con decisión, cerré los ojos y comencé a correrla, abrí los ojos y eché un pequeño vistazo, no veía nada, así que, de un tirón la terminé de abrir. La imagen de Cecilia tumbada en la cama, entubada por nariz y boca, me dio un golpe en la cara que me provocó lágrimas inmediatas.
-Cecilia… -susurré mientras me acercaba a su cama.
No podía apenas ver, me quedé frente a ella llorando y hablándole, no recuerdo que le dije exactamente. Le acaricié la cara, estaba fría, le aparté el pelo y le susurré al oído “Peter Pan”, a mitad de la canción, el nudo que tenía en la garganta me impidió seguir. Así que me limité a mirarla, le sujeté con fuerza la mano y apoyé mi cabeza en su hombro. Justo en ese momento unos monitores que tenía al lado la cama comenzaron a pitar muy fuerte. Me asusté mucho y la solté rápidamente, sentí como empecé a sudar, tenía mucho calor y la vista se me comenzó a nublar, escuché gente hablando pero muy lejos, tenías los oídos taponados. En ese momento llegaron dos enfermeros, una enfermera, un médico y la misma enfermera que me había acompañado hasta la cama. Me sujetó del brazo y me sacó de allí.
-Ven, tienes que irte. -me sacó al pasillo y me señaló unos sillones.- siéntate allí hasta que yo te avise.
Intenté caminar hasta donde me había indicado, pero no pude, me temblaban las piernas y me desvanecí. No fui consciente de nada mas hasta pasado un buen rato. Empecé a escuchar a mi madre hablando con la enfermera, le explicaba que normalmente con hospitales y situaciones que me impresionaba me solía pasar, pero nunca como ahora. Comencé a abrir los ojos, mi madre y la enfermera estaban conmigo, de cuclillas, estaba tumbada en los sillones que me había dicho antes la enfermera, con una toalla húmeda en la frente y las piernas apoyadas en los espaldares de los sillones.
-¿Cómo te encuentras? -me preguntó mi madre. No podía hablar, supongo que hice algún tipo de mueca antes de que se me volvieran a humedecer los ojos.
-Te han dado fatigas. -me explicó la enfermera. -No te preocupes, no es nada.
-Ella está bien, ya están los médicos atendiéndola. -me tranquilizó mi madre.
-Cuando entraste a verla, registró una aceleración en su pulso cardiaco pero algo ha pasado, que… -la enfermera miró atrás y asintió. -Ahora vuelvo. -se incorporó y se fue, yo hice ademán de sentarme pero no pude, me mareé.
-Quédate así.-me recostó e hizo una pausa. -Rocío… -comenzó mi madre. -Cuando la maquina pitó, fue porque algo cambió… -fruncí el ceño- ha entrado en coma… -me dijo muy bajito.
-¿Por…que? -intenté gritar pero no me salió más que un susurro.
-No se sabe.
Volví a apoyar la cabeza en el sofá, resignada, con lágrimas en los ojos, preguntándome si había sido culpa mía, mi madre se levantó y se fue a acompañar a Carola, me giré quedando de cada al sofá y lloré hasta dormirme.
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