viernes, 20 de marzo de 2015

CAPÍTULO 36

Cuando me desperté eran las 7.00h, me senté y miré a mí alrededor, no había nadie. Me incorporé y caminé para volver a la sala de espera. Pasé por delante del box de Cecilia y no pude evitar echar un vistazo, aun seguía allí, pálida, con los ojos cerrados y entubada. Resoplé y seguí mi camino, me empezaba a encontrar mal de nuevo. Salí lo más rápido que pude hasta encontrarme con mi madre, 
Carola y Herminia, que estaban desayunando.

-Hola cariño, ¿Cómo te encuentras? -me preguntó cariñosa Herminia. Me encogí de hombros.
-Toma, come algo. -me sugirió mi madre ofreciéndome una magdalena.
-Gracias.  -lo tomé y comí.
-Nosotras en un rato nos vamos a casa a descansar y así a la noche vengo yo y ustedes descansan, ¿vale? -explicó mi madre.
-¿Podrías alcanzar a mi madre a casa, por favor? -pidió Carola.
-Sí, claro, sin problema.

Así lo hicimos, volvimos a casa llevando a Herminia a la suya. Cuando llegué me tiré en la cama, eran las 10 de la mañana.
Dormí hasta la hora de comer, luego me levanté e hice las cosas de clase.

Cecilia pasó una semana en el hospital, en la que mi madre, Carola, Herminia y yo nos turnábamos para ir a verla, en la segunda semana mejoró notablemente, pero los médicos querían que se quedase un poco mas para poder hacerle pruebas y asegurarse de que volvería bien a casa.  A mediados de la tercera semana empeoró, incluso volvió a caer en coma. Nadie se lo explicaba, como pasaba de estar bien a caer en coma. Los médicos no sabían qué hacer.

Mi familia se volcó con Cecilia y su familia, yo iba a clase y al salir iba al hospital, allí estudiaba y hacía lo que tuviera que hacer, mi padre iba a verla cuando salía de trabajar, mis amigas me cubrían en los trabajos y nunca se molestaron porque no los hiciera. El único al que no le hacía mucha gracia que estuviera tan volcada era Tomás, no paraba de reprochármelo.

Una tarde estando en el hospital con Cecilia, me llamaron al móvil, Tomás.

-¿Si? -contesté saliendo al pasillo donde no molestara a nadie.
-¿Tú qué? -me respondió enfadado.
-¿Cómo que yo que? ¿Qué pasa? -me puse a la defensiva.
-¿Dónde estás?
-En el hospital, ¿Por qué?
-Claro, ¿Cómo no? ¿Dónde ibas a estar si no…?
-¿Qué te pasa Tomás?
-¿Qué qué me pasa? ¡Que habíamos quedado! Eso me pasa…
-¿Hoy?
-Sí, hoy, he ido a buscarte a casa y no estabas.
-Lo siento, estoy en el hospital. ¿Y para que habíamos quedado hoy?
-Nada, da igual, ya veo lo que te importo.
-Me importas mucho, pero es un mal momento, Cecilia está en el hospital, voy a clase y me vengo a verla, tengo exámenes, deberes, trabajos, no es fácil estar a todo a la vez…
-Ya, claro y hay que prescindir de algo…
-No digas eso. -los ojos se me humedecieron, no me podía creer lo que me estaba diciendo.
-Mira, si quieres te paso a buscar y seguimos…
-¿A dónde?
-¡A mi casa Rocío, a mi casa!
-Para estar en tu casa, me voy a la mía, que tengo mucho que estudiar…
-Vale, déjalo, da igual. Cuando no estés tan ocupada me llamas, ¿vale? -colgó.
-Pero…

Entré medio llorando a la habitación de Cecilia.

-¿Qué ha pasado? -me preguntó mi madre.
-Creo que Tomás me ha dejado…
-¿Y eso? ¿Por qué? ¿Qué pasó?

-No lo sé…

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