jueves, 24 de octubre de 2013

CAPÍTULO 1

Así, que a 24 de Diciembre, me quedaría en casa con mis padres y mi hermano, nada especial. Cenamos como cualquier otra noche y nos pusimos a ver la tele, un día normal, mi madre había puesto un programa musical especial Navidad llamado ‘La noche en Paz’ presentado por Paz Padilla, me estaba aburriendo un poco, así que fui a lavarme los dientes y a molestar un poco a mi hermano antes de acostarle. Estábamos en su habitación cuando escuché que en la televisión sonaba ‘Rolling in the Deep’ de Adele, pero… cantada por voces masculinas, que extraño y que bien sonaba. Quise darme prisa para descubrir quienes la estaban cantando pero mi hermano no me dejaba ir, así que llegué un poco tarde, les estaban aplaudiendo y Paz Padilla les estaba agradeciendo su aparición, no pude escuchar el nombre del grupo.

-¡Muchas gracias, Carlos, ahora no sabré quienes son, porque no te puedes estar calladito un momento! – le grité al pobre bastante enfadada.

-Lo siento, pensé que seguíamos jugando. – cuando me dijo eso con sus ojitos verdes humedecidos, no pude evitar sentirme mal, miré a mi madre buscando consuelo.

-No te preocupes, Ro, este programa volverán a repetirlo, seguro. Ve a disculparte con tu hermano. – mi madre tenía razón, volverían a repetirlo, y si no, ya volverían a salir en televisión.

Me dirigí a la habitación de mi pequeño mientras pensaba como empezar a disculparme, aunque por mucho que planeara, siempre improvisaba algo, pero esta vez era diferente, él llevaba algunos días un poco raro, pero no le había preguntado por qué, pensé que serían cosas de niños pero no tenía nada que ver, llegué a la puerta de su habitación y allí estaba, vulnerable, sentado en su cama sollozando, con su peluche favorito en la mano, mirándolo fijamente, el mismo peluche que yo le regalé cuando nació. Tenía un nudo en la garganta, nunca le había gritado tanto con tan poco motivo.

-Enano, ¿por qué lloras? ¿no será por lo que la boba de tu hermana acaba de decirte, no? No creo que te lo hayas tomado en serio… sabes que soy de enfado fácil, pero también se me pasa muy rápido, y más contigo. – mientras le decía esto, entré en su habitación, cerré la puerta y me senté a su lado. – Siempre que nos enfadamos lo arreglamos rápido, tú ya sabes que en nada volveremos a estar jugando y volviéndonos a pelear, ¿no?

-Vete, no quiero hablar contigo. Siempre te enfadas conmigo aunque yo no haya hecho nada. – me dijo muy molesto mientras me empujaba por el brazo, estaba bastante enfadado, yo, no entendía nada

-¿Quieres que me vaya? ¿Y con quién vas a hablar, con mamá, con papá? Ten claro que ahora sí que estoy enfadada de verdad, no me gusta que me trates así, pero si quieres que me vaya lo haré – Estaba muy molesta por su acción, no me importa que me hable mal, es un niño, pero que me empujara, me dolió bastante.

-Sí, vete, es lo que siempre has querido: irte. Se que no me soportas y que quieres irte pronto de casa, siempre estás con tus amigas, quedándote en sus casas o ellas aquí y cuando están aquí, a mí ni me haces caso, ahora con el novio ese va a pasar igual…

No me podía creer lo que aquel saco de risas y juegos me estaba diciendo, hablaba bastante en serio y no parecía tan niño, puede que llevase razón, pero yo no lo veía así.

- Carlos, ¿Qué dices?, claro que no te soporto, pero porque entras en mi cuarto y me escondes las cosas y me haces buscarlas y nunca te rindes – le dije sonriendo, no quería que se convirtiera en una conversación seria, no estaba preparada para tenerla.

-Ro, no estoy de bromas, quiero que me digas las cosas como son.

Esas palabras me hicieron venirme abajo y tener conciencia de que aquella no era una conversación normal, éramos dos hermanos hablando completamente en serio sobre todo lo que nos pasaba, parecía ser que mi hermano pequeño, ya no lo era tanto, ya nos lo decían los profesores: “demasiado maduro para su escasa edad”. Algo de lo que todos me culpaban por tratarle como a un adulto y no como a un niño.

-A ver, enano, claro que hay momentos en los que no te soporto, pero es normal, estamos siempre juntos y nos parecemos mucho, si no discutiéramos o nos peleáramos ¿cómo iban a saber los vecinos que estamos bien? – Nos sonreímos- es cierto que quiero irme de casa, pero no por ti, si pudiera te llevaba conmigo, pero cariño, quiero conocer gente, aprender, quiero estudiar fuera, probar a vivir sola y aprender a echarte de menos, a ti y a papá y mamá. Es normal que me quede en casa de mis amigas, están muy lejos y quedarnos a dormir juntas es muy divertido, todo el mundo lo hace, y cuando ellas vienen, no es que no te haga caso, es que eres pequeño y nosotras mayores y queremos hablar sin que tú estés en las conversaciones, además a ellas les incomoda que estés siempre conmigo porque no pueden hablar de lo que quieran.

Sus ojos volvían a estar igual de secos que normalmente y eso me hacía sentir bien, no sabía que sintiera que le apreciaba tan poco, aunque en realidad daría mi vida cuantas veces hiciera falta por él.

-Y con tu novio, ¿Qué va a pasar? ¿le querrás más que a mí? –Era una pregunta que sinceramente me sorprendió, no me la esperaba para nada.


-¿Querer a alguien más que a ti? ¿Cuando ha pasado eso?


…. - Se encogió de hombros.


-Respóndeme, ¿alguna vez he querido a alguien más que a ti? No ¿verdad?


-No.


Pues ya no necesitas más respuestas. Te voy a decir algo que te va a servir de mucho, tanto ahora conmigo como para cuando seas grande. ¿quieres?


M… ¿si?


-Quiero que sepas que un novio o una novia valen mucho y los amigos valen mucho más, pero un hermano o una hermana no tienen precio, si te enfadas con tus amigos, a lo mejor no vuelven a hablarse, o sí, nunca se sabe; si te enfadas con un novio o una novia, quizá no vuelvas a verle, pero tu hermana siempre va a estar contigo, nos peleemos las veces que nos peleemos. Podemos cambiar de novios y novias y amigos todas las veces que queramos, pero tú y yo no nos podemos cambiar, somos lo único que tendremos siempre. ¿lo entiendes, peque?


-Si, pero… ¿y mamá y papá?


-Síii, también, pero a veces habrá cosas que no querrás decirle a ellos, y me lo podrás decir a mí, ¿sabes? Siempre, no hay nada mejor que un hermano, créeme.


¿Qué cosas no les puedo contar a papá y mamá?


-Nada, a ellos se lo puedes contar todo, pero si haces algo malo y tienes miedo de que se enfaden, puedes contármelo a mí, que también me enfadaré, pero no tanto, ¿vale?


-Si…


-¿Estás mejor o necesitas….. –Le miré con cara de mala y antes de que pudiera articular palabra le pegué con la almohada, a lo que él contestó


¡¡¡GUERRA DE ALMOHADAS!!!

Pasé jugando con él bastante tiempo, hasta que se cansó y quiso dormir, era bastante tarde, pero daba igual era Nochebuena y mi hermano y yo acabábamos de tener la conversación más importante que hubiéramos tenido en los últimos meses.

Cuando regresé al salón, mi madre se interesó por el encuentro entre Carlitos y yo.

-¿Qué ha pasado, se han arreglado o han terminado peor? He oído que gritaban.


-Si mamá, gritábamos, pero porque le propuse guerra de almohadas y aceptó.


Entonces, ¿está todo arreglado? –Asentí - ¿y qué ha pasado?, estuvieron mucho rato hablando.


-Nada, hemos hablado de la importancia de no pelearnos tanto, todo lo que nos queremos… y que es un niño muy listo, mamá, muy listo.

Cuando terminé esas palabras nos dedicamos a bromear si mi hermano había salido listo por ella o por mí. A lo que aproveché para darle las gracias por él y por soportarme tantas veces, cuando estoy insoportable. Era la primera vez que le daba un abrazo a mi madre así porque sí, y no estuvo nada mal. Ella me lo devolvió y con una mirada cómplice fuimos a ver si el pequeño se había dormido para acostarnos, ya que a la mañana siguiente se levantaría muy temprano para confirmar que tenía su regalo de Navidad.




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