-¡RO, DESPIERTA, HAY UNO PARA CADA UNO! ¡DESPIERTA, DESPIERTA, VENGA
RO!
-Carlos… ¿qué quieres?
-Tenemos regalos, es Navidad, venga Ro, venga…
-Vete tú, yo voy ahora.
-NOO, se que si voy yo tú te volverás a dormir.
-Que no, te lo prometo, vete tu.
-¿Me lo prometes?
-Que si, pesado, vete tu. ¡VETE!
-Como no vayas te daré con el regalo en la cabeza, dormilona.
-Vaaale, ya voy.
Y así,
resignada, para que mi hermano no me pegara con un regalo de Navidad, para
empezar bien el día, me levanté, recorrí el pasillo cual zombie hasta llegar al
salón donde mis padres, ya bien despiertos, nos esperaban para abrir sus
regalos.
-Rocío…
-Leía mi padre en un paquete de medianas medidas.- Toma éste es para ti.
-Gracias,
papá.
-Mamá…
esté es para mamá – decía mi hermano mientras me pasaba un paquete para mi
madre.
-Toma
mamá, Carlos ha leído que es para ti… - le dije mientras se lo daba.
-Éste
es para mí y éste para ti, Carlitos, toma.
Cada
uno abrió su regalo: Carlitos estaba radiante de felicidad por un nuevo coche
que quería desde hacía meses; mi madre no dejaba de mirarnos a mi padre y a mí,
mientras nosotros nos lanzábamos cómplices miradas, al abrirlo descubrió una
bonita cadena de oro con una foto de mi padre, mi hermano y yo, que me había
costado la mitad de mis ahorros, ya que pagué mi parte y la de Carlitos, los ojos de mi madre tenían una expresión que
nunca le había visto; mi padre abrió el suyo, un reloj bastante sencillo a
primera vista, pero una vez empezó a leer las instrucciones, aquello parecía un
objeto que la NASA
usaba para llevar a los chicos a la
Luna , y yo, abrí mi regalo esperando algo sencillo, ya que
era lo que les había pedido, pero no…
-Gracias
mamá, gracias papá, el libro de Dani Martín… no lo encontraba en ningún sitio.
Muchas gracias.
-De nada.
–contestó mi padre
-De
nada, aunque lo de anoche no estuvo mal… -Dijo mi madre sonriendo.
-¿Qué
pasó anoche? ¿Yo nunca estoy en los mejores momentos?- Preguntaba mi padre
riendo.
-Nada,
le di las gracias a mamá por soportarme, pero… gracias a ti también, papá.
Acto
seguido mi padre se levantó y abrió sus brazos invitándome a abrazarle, no lo
pensé ni un momento. Les quería tanto, aunque a veces no les soportara…
Después
de aquello, todo el mundo volvió a sus cosas, Carlos fue a jugar con su coche,
mi padre le acompañaba, mi madre recogió
los papeles de regalo y las sobras de la cena y yo me tumbé en la cama de mi
hermano a hablar por WhatsApp con mi novio, Tomás.
Tuvimos
una larga conversación sobre la noche anterior, los regalos de Navidad y sobre qué
iba a hacer ese día, nada especial.
A la
hora de comer, pusimos la televisión y vi que estaban repitiendo el programa de
la noche anterior, donde saldrían los chicos de “Rolling in the Deep”. Pero no
salieron, puse la tele demasiado tarde. ‘Maldición’ pensé.
Pasaron
unos días normales, estudiando, leyendo el libro, hablando con Tomás, jugando
con Carlos o simplemente sin hacer nada. Así, sin darnos cuenta llegó el 31 de
Diciembre.
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