jueves, 26 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 10

De camino al colegio y mientras Tomás conducía, en la radio sonaba la canción que me gustaba: “Zapatillas” de El Canto del Loco. Tomás sabía que me encantaba ese grupo y esa canción en particular, así que me miró, me sonrió y subió el volumen, muchísimo, yo no pude contener mis ganas de cantar, y así lo hice con la ventanilla bajada y mi pelo al aire, canté mi canción favorita a pleno pulmón mientras el pobre chico me miraba con cara de extrañado, y bastante sorprendido.

Llegamos a la puerta del colegio, aparcó, bajó el volumen y me miró con sus preciosos ojos color marrón miel muy abiertos.
-Vaya, vaya… no conocía esta faceta tuya. –dijo riendo.
-Lo que significa que no me conoces tanto – reí- Ya ves, hay tantas cosas que desconoces de mí… - dije mientras me desabrochaba el cinturón y abría la puerta.
-¿Ah si…?
-Si… – le contesté entre carcajadas a la vez que salía del coche.

Caminé hasta la puerta, donde una profesora me estaba esperando.

-Hola… - me saludó
-Vengo a recoger a Carlos. –contesté.
-Ah, Rocío, su hermana, ¿no? – preguntó.
-Sí, la misma.
-Hoy has llegado temprano, me habían dicho que llegarías dentro de 20 minutos.
-Si, es que hoy no he venido andando.

Asintió, me sonrió y girándose sobre sus talones se dio la vuelta y entró al patio.

-¡Carlos, te han venido a buscar! –gritó

¿Para qué había andado hasta el patio si luego iba a gritar igual? Eso podía haberlo hecho yo desde la puerta del edificio.

Pude ver a mi hermano correr desde el patio, por todo el pasillo, dejando atrás a aquella profesora, con su mochila en la mano, me incliné y abrí los brazos, me sonrió y saltó sobre mí, que le cogí y giré sobre mí misma, nos miramos, nos reímos, le di un beso y le puse en el suelo. Me dio su mochila y me dio la mano. Le guié hasta el coche, abrí la puerta trasera guardé su mochila y le entré, le puse el cinturón y cerré la puerta. Me senté como acompañante y me viré hacia atrás.

-Mira Carlitos, éste es Tomás –le presenté.
-¿El de la llamada del otro día? – me dijo vergonzoso.
-Si –contestó Tomás riendo- del que saliste gritando por el pasillo, ése.
-Ah… ya se.

Tomás y yo nos miramos y nos reímos. Nos sentamos bien, nos pusimos los cinturones y con la radio bastante alta, continuamos el camino a casa.

-Madraza, ¿eh?... – me dijo en voz baja para que Carlitos no lo oyera.
-Ya te dije que hay muchas cosas que no sabes de mí. –contesté riendo.
-Me estás empezando a dar miedo… -bromeó Tomás.

Miré hacia atrás y vi a mi hermano un poco cohibido por la situación, le sonreí, miré a mi izquierda y estaba Tomás, concentrado en la carretera. Me miró y sonrió.

-¿Qué? –preguntó.
-Nada, estaba pensando. –me excusé.
-¿En qué? – se interesó.
-Nada. –y sacudí la cabeza queriendo decir que no.

Pensaba en que en aquel coche iban posiblemente las dos personas más de mi vida en aquel preciso instante. No quería llegar a casa, me gustaba tanto la sensación que estaba teniendo, me sentía feliz, sí, era plenamente feliz en aquel momento. Temía que al llegar todo se desmoronase, que Tomás no gustase a mi familia o que simplemente, no aceptaran la relación, no se, tenía muchísimo miedo del momento en que se decidiría si mi relación continuaría o no.


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