Los días pasaron con normalidad, iba a clase,
estudiaba y hablaba con Carola sobre Cecilia.
-Hola – le escribí en un mensaje.
-Hola, ¿qué tal el día? – preguntó.
-Bastante bien la verdad, y ¿tú no trabajas
hoy?
-No, hoy libro, gracias al cielo.
-Jajaja, se me olvidó decirte que el otro día
estuve hablando con mi profesor de ciencias, Don Miguel, hombre serio y
estricto donde los haya, es científico, de los buenos buenos, ¿de éstos que se
acaban volviendo loco? Pues de esos.
-Si, ¿y qué pasó?
-Como él trabajó hasta hace unos años en
hospitales de la península, le pregunté que si había alguno bastante avanzado
que fuera capaz de ayudar a Ceci, y me dijo que había tres bastante buenos, que
si quería podía llamar y pedir información, ¿te interesa?
-Sí, claro, todo lo que sea ayudarla…
-Vale, pues me dijo que uno bastante bueno
estaba en Barcelona, otro en…Santiago de Compostela y el otro en San Sebastián.
¿Pedirás información?
-Sí por su puesto, voy a buscarlos en Google
y llamar, ¿hablamos en cuanto tenga algo?
-Claro que si, tenme al corriente, ¿vale?
-De acuerdo, hasta otra.
-Hasta otra, me voy a estudiar para la clase
de Filosofía de mañana.
-Suerte jajaja
-Gracias.
Desconecté mi móvil y me dispuse a estudiar
Filosofía, pero no podía dejar de pensar en si Carola había conseguido llamar,
si le habían contestado o que le habían dicho.
Conseguí aprenderme alguna que otra cosa y di
por terminada la sesión de estudio, salí de mi cuarto victoriosa, como si me
supiera ya todos los filósofos desde el principio de los tiempos hasta ahora y
sus teorías, cosa que no había conseguido. Me senté en el sofá, resoplé, miré a
mí alrededor, mis padres estaban viendo la televisión.
-Mamá, papá…
Me miraron.
-Esto… ¿Qué les parecería conocer a Tomás?
-¿Conocerle? ¿Para qué? – preguntó mi padre.
-Mientras le conozcas tú… - continuó mi
madre.
-Ya… pero él insiste en que se quedaría mas
tranquilo si ustedes le conocieran, para que me dejen salir con él y eso… un
voto de confianza. –expliqué.
-Bueno… no se… -vaciló mi madre.
-Es bueno saber con quien estás, pero ¿no es
un poco pronto? – preguntó curioso mi padre.
-Lo se, es lo que le digo, pero insiste en
que será mejor a la hora de salir y pasar tiempo con él. ¿Bueno qué piensan?
-Bueno
que venga a almorzar a casa en unos días. –dijo mi madre mientras miraba
a mi padre, que le hacía un gesto positivo.
-Vale, le preguntaré a él cuando le viene
bien.
Volví a mi cuarto mucho mas aliviada por
haberles dicho a mis padres lo que Tomás llevaba tanto tiempo pidiéndome.
-Tom… - le envié en un mensaje del que no
obtuve respuesta, así que me fui a duchar y a cenar.
Al volver a mi cuarto, me disponía a
acostarme cuando.
*Tirín* nuevo mensaje, Tomás-
-¿Qué pasa? – me contestó.
-Mis padres aceptaron a conocerte, ¿qué te
parece venir a casa a almorzar en unos días?
-Bien, me parece perfecto allí estaré, es
más, yo puedo ir a recogerte al instituto. – contestó.
-Pero yo paso a buscar a mi hermano
normalmente y luego nos van a buscar al colegio mis padres.
-No pasa nada, yo les recojo a los dos, ¿te
parece?
-Sí perfecto, se lo diré a mis padres para
que no vayan a buscarnos.
Llegó el día de la comida antes de lo
esperado. Se lo había contado a mis amigas, estaba bastante nerviosa, y ellas
ansiosas de conocerle se pasaron toda la última hora colocándome el pelo,
diciéndome que me maquillara, etc... No les hice ni caso, por supuesto, de allí
iba a ir para mi casa, ¿Qué gracia tenía?
Salí de la interminable clase, muy nerviosa,
no recordaba lo dado los últimos 10 minutos, deseaba salir de allí, almorzar y
que Tomás se fuera, no soportaba tanta tensión.
Caminé acompañada de mis inseparables amigas
Valeria y Érika, por el patio hasta llegar a la salida, en la puerta nos
paramos en seco las tres.
-¿Dónde está? – preguntó Érika.
-¿Le ves? – continuó Valeria.
-No…
-¡Ja! ¿A qué te ha dado plantón? – Bromeó
Valeria. La miré, aquello no tenía gracia.
-¿Cómo le va a dar plantón? Entonces le rajo
como a una caballa – dijo Érika, las tres nos reímos- estará donde no le vemos
con tanta gente.
Dimos unos pasos y le vimos, ahí estaba,
apoyado en la pared al otro lado de la calle, mirando hacia su derecha como
unos chicos pasaban haciendo el tonto junto a su coche, Tomás, el alto, moreno
y fornido Tomás, miró al frente y me vio, se quitó las gafas de sol, se acomodó
en su característica chaqueta y me sonrió.
-Chicas… ahí está. –hice señas con la cabeza
mientras le sonreía.
-Vaya… es mejor de lo que yo esperaba, claro
elegido por ti... –bromeó Érika.
Las tres nos quedamos mirándole sin articular
palabra, él nos miró coqueto y se dispuso a cruzar la calle con su chulería
natural.
-Ais… ahí viene… -susurré- ¿cómo estoy?
-Normalita, déjamelo a mí –bromeó Valeria.
-Ni de coña… -nos reímos.
-Hola, chicas… -saludó muy seguro de sí – soy
Tomás, su…
-¡Novio! – Gritó Érika – lo sabemos.
Todos nos reímos, mis amigas parecían estar
más nerviosas que yo.
-Bueno, ¿nos vamos? Tenemos que recoger a
Carlitos. –me dijo.
-Anda… como una familia hecha y derecha ya…
-bromeó Érika.
La miré con cara de odio.
-Tía…
-No, no pasa nada, a mí me resulta simpática.
–me interrumpió Tomás.
-¿Ves? Es mi encanto natural, soy Érika…
-Encantado, encanto natural…
-Y ella es Valeria. –dije
-Encantada.
-Igualmente, venga vamos.
-Sí, venga.
Nos fuimos andando, Tomás me rodeó con su brazo
y me dio un beso en el pelo, miré hacia atrás para ver a mis amigas, seguían en
el mismo lugar, plantadas como tontas entre la multitud sonriendo y diciéndome
adiós con la mano. Llegamos al coche, me abrió la puerta del acompañante me le
quedé mirando sorprendida, me miró y me besó. Nos sonreímos, entré y me senté,
no me podía creer lo que estaba pasándome. Subió al coche, me miró, sonrió,
puso la radio y nos marchamos rumbo al colegio a recoger a Carlitos.
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