viernes, 6 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 9

Los días pasaron con normalidad, iba a clase, estudiaba y hablaba con Carola sobre Cecilia.

-Hola – le escribí en un mensaje.
-Hola, ¿qué tal el día? – preguntó.
-Bastante bien la verdad, y ¿tú no trabajas hoy?
-No, hoy libro, gracias al cielo.
-Jajaja, se me olvidó decirte que el otro día estuve hablando con mi profesor de ciencias, Don Miguel, hombre serio y estricto donde los haya, es científico, de los buenos buenos, ¿de éstos que se acaban volviendo loco? Pues de esos.
-Si, ¿y qué pasó?
-Como él trabajó hasta hace unos años en hospitales de la península, le pregunté que si había alguno bastante avanzado que fuera capaz de ayudar a Ceci, y me dijo que había tres bastante buenos, que si quería podía llamar y pedir información, ¿te interesa?
-Sí, claro, todo lo que sea ayudarla…
-Vale, pues me dijo que uno bastante bueno estaba en Barcelona, otro en…Santiago de Compostela y el otro en San Sebastián. ¿Pedirás información?
-Sí por su puesto, voy a buscarlos en Google y llamar, ¿hablamos en cuanto tenga algo?
-Claro que si, tenme al corriente, ¿vale?
-De acuerdo, hasta otra.
-Hasta otra, me voy a estudiar para la clase de Filosofía de mañana.
-Suerte jajaja
-Gracias.

Desconecté mi móvil y me dispuse a estudiar Filosofía, pero no podía dejar de pensar en si Carola había conseguido llamar, si le habían contestado o que le habían dicho.

Conseguí aprenderme alguna que otra cosa y di por terminada la sesión de estudio, salí de mi cuarto victoriosa, como si me supiera ya todos los filósofos desde el principio de los tiempos hasta ahora y sus teorías, cosa que no había conseguido. Me senté en el sofá, resoplé, miré a mí alrededor, mis padres estaban viendo la televisión.

-Mamá, papá…

Me miraron.

-Esto… ¿Qué les parecería conocer a Tomás?
-¿Conocerle? ¿Para qué? – preguntó mi padre.
-Mientras le conozcas tú… - continuó mi madre.
-Ya… pero él insiste en que se quedaría mas tranquilo si ustedes le conocieran, para que me dejen salir con él y eso… un voto de confianza. –expliqué.
-Bueno… no se… -vaciló mi madre.
-Es bueno saber con quien estás, pero ¿no es un poco pronto? – preguntó curioso mi padre.
-Lo se, es lo que le digo, pero insiste en que será mejor a la hora de salir y pasar tiempo con él. ¿Bueno qué piensan?
-Bueno  que venga a almorzar a casa en unos días. –dijo mi madre mientras miraba a mi padre, que le hacía un gesto positivo.
-Vale, le preguntaré a él cuando le viene bien.

Volví a mi cuarto mucho mas aliviada por haberles dicho a mis padres lo que Tomás llevaba tanto tiempo pidiéndome.

-Tom… - le envié en un mensaje del que no obtuve respuesta, así que me fui a duchar y a cenar.

Al volver a mi cuarto, me disponía a acostarme cuando.

*Tirín* nuevo mensaje, Tomás-

-¿Qué pasa? – me contestó.
-Mis padres aceptaron a conocerte, ¿qué te parece venir a casa a almorzar en unos días?
-Bien, me parece perfecto allí estaré, es más, yo puedo ir a recogerte al instituto. – contestó.
-Pero yo paso a buscar a mi hermano normalmente y luego nos van a buscar al colegio mis padres.
-No pasa nada, yo les recojo a los dos, ¿te parece?
-Sí perfecto, se lo diré a mis padres para que no vayan a buscarnos.

Llegó el día de la comida antes de lo esperado. Se lo había contado a mis amigas, estaba bastante nerviosa, y ellas ansiosas de conocerle se pasaron toda la última hora colocándome el pelo, diciéndome que me maquillara, etc... No les hice ni caso, por supuesto, de allí iba a ir para mi casa, ¿Qué gracia tenía?

Salí de la interminable clase, muy nerviosa, no recordaba lo dado los últimos 10 minutos, deseaba salir de allí, almorzar y que Tomás se fuera, no soportaba tanta tensión.
Caminé acompañada de mis inseparables amigas Valeria y Érika, por el patio hasta llegar a la salida, en la puerta nos paramos en seco las tres.

-¿Dónde está? – preguntó Érika.
-¿Le ves? – continuó Valeria.
-No…
-¡Ja! ¿A qué te ha dado plantón? – Bromeó Valeria. La miré, aquello no tenía gracia.
-¿Cómo le va a dar plantón? Entonces le rajo como a una caballa – dijo Érika, las tres nos reímos- estará donde no le vemos con tanta gente.

Dimos unos pasos y le vimos, ahí estaba, apoyado en la pared al otro lado de la calle, mirando hacia su derecha como unos chicos pasaban haciendo el tonto junto a su coche, Tomás, el alto, moreno y fornido Tomás, miró al frente y me vio, se quitó las gafas de sol, se acomodó en su característica chaqueta y me sonrió.

-Chicas… ahí está. –hice señas con la cabeza mientras le sonreía.
-Vaya… es mejor de lo que yo esperaba, claro elegido por ti... –bromeó Érika.

Las tres nos quedamos mirándole sin articular palabra, él nos miró coqueto y se dispuso a cruzar la calle con su chulería natural.

-Ais… ahí viene… -susurré- ¿cómo estoy?
-Normalita, déjamelo a mí –bromeó Valeria.
-Ni de coña… -nos reímos.
-Hola, chicas… -saludó muy seguro de sí – soy Tomás, su…
-¡Novio! – Gritó Érika – lo sabemos.

Todos nos reímos, mis amigas parecían estar más nerviosas que yo.

-Bueno, ¿nos vamos? Tenemos que recoger a Carlitos. –me dijo.
-Anda… como una familia hecha y derecha ya… -bromeó Érika.

La miré con cara de odio.

-Tía…
-No, no pasa nada, a mí me resulta simpática. –me interrumpió Tomás.
-¿Ves? Es mi encanto natural, soy Érika…
-Encantado, encanto natural…
-Y ella es Valeria. –dije
-Encantada.
-Igualmente, venga vamos.
-Sí, venga.

Nos fuimos andando, Tomás me rodeó con su brazo y me dio un beso en el pelo, miré hacia atrás para ver a mis amigas, seguían en el mismo lugar, plantadas como tontas entre la multitud sonriendo y diciéndome adiós con la mano. Llegamos al coche, me abrió la puerta del acompañante me le quedé mirando sorprendida, me miró y me besó. Nos sonreímos, entré y me senté, no me podía creer lo que estaba pasándome. Subió al coche, me miró, sonrió, puso la radio y nos marchamos rumbo al colegio a recoger a Carlitos.


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