-¿Entonces, qué, nos vemos? – me preguntaba
Tomás, vía WhatsApp.
-No se, no quiero dedicar la noche a
buscarte, además tendría que presentarte a mi familia y aún no estoy preparada
para eso.
-¿Pero vas a venir, no?
-¿Perderme una cabalgata de Reyes, yo? Por su
puesto que iré.
-¿Y si nos encontramos?
-Eso se llama Destino y no tiene remedio,
pero no voy a buscarte jajaja
-Mira que eres dura de convencer ¿eh?
-Jajaja ya ves… iré con mis padres y mi
hermano, no me hace gracia tener que estar juntos en un momento así, no se,
creo que va a ser incómodo.
-Pero algún día tendrá que ser, ¿no?
-Si, si, yo no he dicho que no, simplemente
que no esta noche, ¿vale?
-Vale, vale.
-¿Te has enfadado?
-No, claro que no. Pero… no se, pon un
poquito de tu parte.
-¿Crees que no lo hago? Si es así, se feliz,
pero esto no es fácil para mí, eres mi primer novio, y estoy nerviosa, no
traigo un chico a casa cada día, ¿sabes? es difícil.
-¿Difícil? ¿Llevar a un chico cada día a
casa? Pues si no lo tienes fácil tú, que eres una belleza, no me explico como
lo hacen otras, jajaja.
-Vale, lo he cogido, pero aún así, no. Si nos vemos, perfecto, si no… ya veremos,
¿vale?
-Vale, vale, pero ten en cuenta que no será
lo mismo salir sin conocer a tu familia.
-Lo se, me voy a preparar para salir, ya
hablamos mañana, ¿vale?
-Si, vale, espero verte.
-Que pesado, dios mío y yo me quejaba de mi
hermano. Oye, por cierto, el otro día cantó un grupo masculino en la tele, ¿les
viste?
-Los pesados de Rolling in the Deep, ¿si por?
-Quería saber si escuchaste el nombre de
“esos pesados”, me gusta sus voces.
-No, no lo oí, pero si se que saldrán en
Sálvame.
-¿Si? ¿Cuándo?
-Ni idea, ahora toca estar atenta a Sálvame,
¿eh Maruja?
-jajaja por lo que veo si. Bueno me voy,
adiós.
-Adiós.
Después de hablar y tener una pequeña
discusión con Tomás, me duché y me vestí para ir a la cabalgata, con la misma
excusa de todos los años, llevar a mi hermano, cuando en realidad me hacía
bastante mas ilusión a mí, las cabalgatas me hacían sentir niña otra vez, aunque
hacía algunos años que la navidad ya no me gustaba mucho, esa era la única
noche en que me sentía muy a gusto: los niños felices, la música, el color, la
ilusión… todos los niños, por malos que hubieran sido durante el año, por muy
mal que trataran a los otros, por muy mayores que se creyeran, esa noche, y
solo el 5 de Enero, volvían a ser niños, inocentes e ilusionados niños.
Salimos de camino a la cabalgata algo tarde,
ya que mi hermano se dedicó mientras me duchaba a esconderme los pendientes, y
los calcetines, y no fui capaz de encontrarlos hasta que le hice chantaje con:
“Si no me lo devuelves, le digo a los Reyes Magos después, que te portas mal
conmigo, me escondes las cosas y no me las devuelves, ya verás la gracia que
les hace y la de carbón que te traerán”. Remedio santo, oye, me lo devolvió
todo en el momento.
Llegamos y en lo que mi padre buscaba
aparcamiento, mi madre, Carlitos y yo, nos fuimos a hacer cola para entregar
nuestras cartas a los Reyes Magos, después de comerme dos horas de cola,
pisotones, gritos y llantos de niños, subimos al escenario, Carlitos se sentó
en el regazo Baltasar y yo… también me tuve que sentar después de rechazarle
unas mil veces. Pasé una vergüenza enorme, y a mi madre no se le ocurrió nada
mejor que sacarnos mil fotos.
Rey Baltasar: -Hola chicos. ¿Han sido buenos
este año?
A lo que Carlitos respondió: Yo sí, ésta no,
se ha echado novio y no me deja escuchar sus conversaciones.
En ese preciso instante las ganas de matar a
mi hermano no se podían medir. Los colores me iban y venían, no sabía afrontar
aquella situación.
Rey Baltasar: -Es normal… -bajó la mirada a
las manos de mi hermano- Carlos, ella es mayor y tiene cosas importantes que
hablar con su novio ¿verdad? – me miró y me guiñó un ojo.
Miré a las manos de mi hermano por vergüenza,
tenía el sobre por la parte del remitente.
Miré a Baltasar a los ojos, al sobre de mi
hermano y a los ojos del Rey de nuevo, a la vez que dije: ¡Que inteligente
Balta…!
A lo que me respondió: -Soy mago, no adivino.
– y rió con una risa maléfica y extraña.
Miré a mi hermano que me miraba y nos hicimos
señas de ‘Éste está pirado’. Si algo bueno teníamos Carlitos y yo, era que con
una mirada nos entendíamos.
Rey Baltasar: -Bueno… ¿y qué piden los
hermanos este año? Tú un novio seguro que no, ¿eh? Ya eso te lo traje este año
pasado. –y sonrió.
Le miré y contesté: -No, por supuesto que un
novio ya no, ahora quiero que mis padres se ganen la lotería del Niño…
Carlos me interrumpió y me dijo: ¿Y por qué
no, mejor, saber el nombre de los chicos del otro día?
El Rey Mago no se lo pensó dos veces y me
soltó: ¿Chicos? ¿Cuantos? ¿No te basta con uno?
-No es lo que piensas, Rey Raro, es un grupo
de música que salió en la tele…
-…Y que por mi culpa no escuchó el nombre. –
interrumpió Carlos.
- ¡Ah bueno….! En ese caso… ¿por qué no te
dejas de tele y lees un libro, La Historia Interminable ,
por ejemplo?
-No se, pero… ¿Carlos, que quieres tú?
Mal hecho por mi parte, si ya me parecía
haber estado allí, sentada encima de aquel hombre, una eternidad, lo que me
quedaba no era menos, mi hermano pedía más de lo que yo había visto en
jugueterías. Pero me sorprendió que dijera: ‘y…’ y le hablara al oído al Rey
Mago. ¿Qué tendría que ocultarme?
Cuando hubo un silencio, lo rompí.
-Bueno, Carlitos, ¿qué, nos vamos?
-Si, pero… - se giró hacia el Rey y le dijo-
no te olvides de mi regalo.
¿Mi regalo? Había pedido más de uno. ¿Se
refería a uno especial? Pero… ¿qué?
Le miré y le dije: ¿Uno? Has pedido muchos,
creo yo. Venga dale la carta para que se acuerde de todos.
Me sonrió, le dio la carta y acto seguido me
agarró de la mano y tiró de mí para bajar del escenario. El Rey Mago me agarró
de la mano que me quedaba libre, tiró suavemente de mí, me giré, se levantó de
su asiento y me susurró al oído: “Que nunca te vayas y le dejes de querer”.
Miró mi cara de asombro y dijo a todos: “¡Que bonito es el amor fraternal!”.
Sabía a lo que se refería, mi conversación
con Carlitos de hacía algunos días. Agarré fuertemente la pequeña mano de mi
hermano empezamos a bajar las escaleras, le miré y le sonreí, los dos miramos
atrás para ver por última vez a aquel Rey Mago que parecía un poco extraño al
principio y al final, hasta tenía su puntito. Mi hermano y yo volvimos a
mirarnos.
-Que tío mas raro, ¿no? – le pregunté entre
risas.
-Sí, un poco, pero tiene pinta de traerme los
regalos que pedí. –Contestó
-¿Tú crees? Yo creo que has pedido mucho y
los camellos no podrán con todo.
-Son magos, los camellos están de pega, ¿no
lo sabías?
-Pues no, ya ves, todos los días aprendo algo
de ti, enano.
Mientras nos reíamos y comíamos caramelos que
el Rey Raro nos había dado. Nos reunimos con mis padres, Carlos dio la mano a
mi madre, y mientras salía de la plaza, miré a aquel hombre de nuevo y me dijo
adiós con un leve gesto de mano, le sonreí y le devolví el saludo a la vez que
vocalizaba ‘GRACIAS’, un leve gesto de cabeza fue lo que hizo falta para que yo
interpretara un ‘DE NADA’. La verdad es que no tenía mucho tacto, ni era muy
original a la hora de saber nombres, pero aquel señor sabía algo que yo creía
creer: mi hermano deseaba de corazón que siempre estuviera con él. Y yo
esperaba y a día de hoy sigo esperando que eso nunca cambie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario