La mañana llegó antes de lo que me esperaba,
la noche se me hizo muy corta, a penas había podido dormir.
*Tirín* sonó mi teléfono, eso significaba
nuevo mensaje, Tomás.
-
Buenos días, ¿estás despierta ya? – me preguntó
-
Buenos días, en realidad me despertaste tu, son las 8 de la mañana, ¿a
qué viene tanto madrugón? – pregunté mirando la pantalla con un solo ojo.
-
¿A qué? Es Día de Reyes, ya yo hace horas que estoy despierto gracias
a mis hermanos. – me explicó.
-
Pues el mío aún no se ha levantado, quería aprovechar a dormir
mientras él no se despertara… pero gracias, ahora él sabrá que se siente al ser
despertado, jajajaja.
-
Jajaja no lo sabía, perdona, es que en mi casa el Día de Reyes empieza
de madrugada.
-
Jajajaja niños… voy a levantar al mío, ¿hablamos después del desayuno?
-
Sí, claro, hasta después, que tengas muchos regalos.
-
Jajaja si… a ver. – mentí, no deseaba tener muchos regalos después de
lo que mis padres me habían comprado para Navidad.
Me dirigí al salón, estaba repleto de
paquetes envueltos, era hora de despertar a Carlitos de la manera más ruidosa
posible. Fui a su habitación, puse algo de música y empecé a gritarle.
-¡VAMOS CARLITOS, VENGA! ¡DESPIERTA ENANO,
HAN VENIDO LOS REYES!
-¿QUÉ? ¿LOS REYES? ¿YA?
- SI, VENGA VAMOS A VER QUE NOS HAN TRAÍDO.
Los dos nos pusimos a correr por el pasillo
cuando nos encontramos a mis padres saliendo de su habitación, con cara de
mucho sueño.
-¿A qué vienen esos gritos? es muy temprano.
– nos preguntó mi madre mientras se amarraba el albornoz que le habíamos
regalado hacía algunas navidades.
- Han venido los Reyes, mamá, y estábamos
yendo a ver qué nos habían traído. – le contesté.
Al llegar al salón, vimos 5 paquetes: 4 a nombre de Rocío y solo uno
al nombre de Carlitos. ¿Acaso Carlitos sólo tendría un regalo con todo lo que
yo pensaba que tendría?
-Mira, Carlitos, nuestros regalos…- le dije
ilusionada.
- Querrás decir TUS regalos, porque yo solo
tengo uno… - me contestó decepcionado.
- ¿Pero tú anoche no le dijiste al Rey Ra…
Baltasar – corregí – que no se olvidara de tu regalo? Supongo que será ese y no
se olvidó.
- No, el regalo que no quería que olvidara no
se envuelve.
- Bueno, vamos a abrirlos, a lo mejor tú
tienes uno y yo 4 porque el tuyo es mejor que todos los míos juntos, ¿No? ¿O no
te has portado tan bien este año? – le pregunté molestando.
- Bueno… yo creo que sí me he portado bien.
Abrimos los regalos, yo tenía un conjunto de
ropa, calcetines, una colonia y un juego de pendientes, este año los Reyes me
habían vestido, Carlitos encontró un pequeño saco lleno de carbón con una nota
que decía: ‘Por esconderle las cosas a tu hermana’.
-
Mira lo que me han echado los Reyes por tu culpa, dijiste que no se lo
ibas a decir… - me dijo bastante enfadado mientras se volvía a su habitación.
-
Pero Carlos… estuve contigo todo el tiempo – se fue, miré a mis padres
y les dije con tono irónico – Gracias, ahora piensa que es culpa mía.
Corrí a la habitación de Carlitos, abrí la
puerta.
-
¿Cómo pude ser yo? Estuve contigo todo el rato y viste que no le dije
nada. – me expliqué.
-
No lo se, pero han traído lo que tú dijiste que traería…
-
Yo te lo dije para que me devolvieses la ropa, no iba en serio.
-
Pues ya ves que ellos sí…
-
Bueno, da igual, yo te compraré algo mañana, - mentí - vamos a
desayunar, que hay roscón…
-
Vale, voy a desayunar, pero quiero Reyes.
Salimos a desayunar, estaba un poco más
animado con la idea de que yo le compraría algo al día siguiente, cuando
terminamos de desayunar, mi hermano se sentó en el sillón con un trozo de
roscón.
-¡Carlos, ya se te ha caído al suelo! – le
gritó enfadada mi madre.
-¿Qué se cayó? – preguntó asustado.
- Un trozo de roscón, recógelo o las perras
se lo comerán y eso no es bueno para ellas…- me miró con una malévola mirada-
- Aquí no hay nada, mamá – contestó él
mirando al suelo.
- Sí que lo he visto yo, debajo del sillón. –
ya lo entendí todo.
Cuando mi inocente hermano miró debajo del
sillón se sorprendió al ver unos 6 o 7 paquetes envueltos en papel de regalo,
todos para él, en ese momento su cara se iluminó y mi madre me miró feliz, ya
que le había dado una lección.
Eran las 9.30 aún, así que me senté en el
sofá a hablar por el teléfono con Tomás.
-Hola, ya puedo hablar, mi hermano se ha
llevado un susto con los regalos, pensaba que no tendría sino carbón y hace un
rato ha encontrado muchos más debajo del sillón.
-Jajaja pobre chaval, ¿de quién ha sido la
idea?
-Supongo que de mi madre, que estará cansada
de que siempre salgamos tarde de casa porque él me esconde alguna prenda que yo
dejo preparada para ponerme antes de salir.
-Oye, yo… quería hacerte una pregunta.
-Sí, dime.
-A ver, o sea, yo se que estás conmigo y tal,
y que soy mayor que tú y eso, pero…
-Pero ¿qué? ¿Quieres decírmelo ya?
-Que se ve que te van los maduritos, pero…
¿tanto?
-¿EH? ¿De qué estás hablando?
-No te hagas la tonta, que se que te va eso
de sentarte en el regazo de hombres mayores…
-Ah, ¿nos viste?
-Si, jajaja, estaba en la cola con mis
hermanos y en cuanto te vi, te reconocí.
-Que vergüenza…
-¿Qué te susurró, que te pusiste rojita?
-Jajaja nada, cosas de mi hermano.
Estuvimos bromeando un rato sobre lo sucedido
la noche anterior con el Rey Mago y le conté la locura que había hecho con mi
hermano.
-¿En serio hiciste eso? ¿Y qué te han dicho
tus padres?
-De momento… no tengo pensado decírselo si
Carlitos no se va de la lengua, obvio.
-¿Crees que se lo tomarán bien?
-Bueno, no he hecho mal a nadie, supongo que
les molestará, pero no es para tanto, ¿no?
- …
-¿En serio, tú crees?
-No se, le has comprado algo a una
desconocida y dándole tu número de teléfono…
-Vale, lo pillo, pero no creo que sea para
tanto. Bueno tengo que irme, vamos a ir a pasar el resto del día en casa de mi
familia, si puedo te hablo desde allí, ¿vale?
-Vale, pero si te encuentras otro madurito,
acuérdate de que sales conmigo.
-Jajaja claro que si tonto, si surge algo te
llamo y te unes.
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