sábado, 23 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 7

Llegamos a casa de mi tía Alicia sobre las 11, allí nos reunimos con nuestros primos y demás tíos, donde nos contamos que nos había traído los Reyes, el susto de Carlitos y demás… pedí permiso y conecté mi teléfono a su wi-fi, estaba ansiosa por recibir la foto de la chica del McDonald’s. De pronto.

*Tirín* nuevo mensaje de número desconocido.

-Hola, gracias por lo de anoche, ya sabes que lo prometido es deuda. Adjunto foto de Cecilia, mi hija, con tu regalo, le ha gustado mucho.

En la foto aparecía una blanca niña sujetando entre sus pequeñas manos la muñeca que yo le había regalado, con una enorme sonrisa dibujada, tras ella y un poco mas alta, una señora mayor sonriendo mientras miraba a la pequeña.

Al leer esas palabras, la sonrisa aumentó un 100% en mi cara, no me lo podía creer, aquella niña parecía tan feliz con mi muñeca, a mi no me había costado nada, y sin embargo para ella significaba muchísimo.

-¡Eh Carlitos! – le llamé, se acercó a mí.- la foto de la hija de la chica de anoche, se llama Cecilia.

Mi hermano miró la foto y esbozó una sonrisa.

-Parece feliz. – me dijo.
-Si, ¿verdad?
-Pero, ¿qué eso que lleva en la mano? ¿Qué pulsera más extraña, no?
-Sí, un poco. –Carlitos volvió con mis primos a jugar.

Acerqué la foto y me fijé, no era una pulsera, era un identificador de hospital. No quise decirle nada a nadie, me limité a hablar con aquella madre.

-Que guapa es, se parece mucho a ti. –le dije para entablar conversación.
-Si, es muy guapa, pero bueno, ¿qué voy a decir yo? – bromeó.
-Es bastante pequeña, ¿Verdad? –empecé el interrogatorio.
-Si, tiene 8 añitos, nada más.
-Perdona, me llamo Rocío, aunque mi familia siempre me dice Ro, vamos a empezar bien jajaja que anoche no tuvimos tiempo.
-Jajaja no, yo me llamo Carola, encantada… ¿cómo te llamo, Rocío, no?
-Igualmente, no, puedes llamarme Ro, es más sencillo. Oye, ¿puedo hacerte una pregunta un poco indiscreta?
-Sí… supongo, dime.
-He visto que Cecilia lleva un identificador de hospital…
-Sí, estaba ingresada en Infantil, pero pedí unos días para que pudiese pasar las navidades con mi madre y conmigo, mi madre es la señora de la foto, por cierto.
-Ah, jajaja ya decía yo que no eras tú, jajaja, y… si no es mucho preguntar, ¿qué le pasa? – pregunté curiosa.
-No se sabe, le han hecho bastantes pruebas pero no concretan nada, saben que algo no marcha bien en su desarrollo, no crece como debería, no es capaz de razonar como una niña de su edad, pero no concretan…
-Vaya, que fuerte, si hay algo para lo que me necesites… ya tienes mi número.
-Sí, gracias, pero entre mi madre y yo la llevamos bien.
-¿No tienes mas familia? ¿O la familia de su padre?
-No, mi madre era hija única y mi padre ya ha fallecido hace algunos años.
-Lo siento.
-Nada, no lo sabías. Y su padre… digamos que fue un amor de verano del que no supe nada más, sólo que me había quedado embarazada de él.
-¿Y nunca más supiste de él? – aquella conversación me había absorbido.
-No, ni teléfonos, ni dirección… Nada.
-Vaya que mal, siento mucho que te haya pasado todo a ti.
-No te preocupes, no es tan malo, entre mi madre y yo, damos a Cecilia el amor que necesita, no está desatendida. Aún así, muchas gracias a ti también.
-De nada, pero ya sabes, cualquier cosa, puedes llamarme.
-Vale, gracias. Te tengo que dejar, voy a almorzar.
-Sí y yo, que nos hemos reunido y comemos por turnos jajaja. Hasta otra.
-Hasta otra.

Al terminar aquella conversación, pensé en muchas cosas, sobre todo en como se le puede torcer la vida en un momento a alguien al conocer a alguien, sentí la necesidad de hablar con mis padres y contarles lo sucedido, pero antes lo consulté con Tomás, el que me aconsejó hacerlo, sería todo más fácil así. Lo pensé mientras almorzaba y tenía sentido.

Puse rumbo al salón, donde estaban los mayores hablando, miré a mis padres, se hizo un silencio y todos me miraban como esperando a que hablara.

-Papá, mamá, ¿podemos hablar? –pregunté con la voz entrecortada.
-¿Ahora? ¿No puedes esperar a llegara a casa? – preguntaron extrañados.
-Verán es que anoche hice algo que tuvo consecuencias hoy y creo necesario contarlo ahora que tengo la sensibilidad a flor de piel.
-¿Qué pasó? ¿Está Carlitos bien? – preguntaron preocupados.
-Sí, sí, no tiene que ver con él, bueno… por un lado sí… -No sabía como explicarme.
-Si quieren pueden ir a mi cuarto a hablar. –interrumpió mi tía Alicia.
-A mi me da igual contarlo aquí, pero no quiero cortarles la conversación. –dije con la mirada mirando al suelo.
-Bueno pues cuenta, que nos tienes a todos en ascuas. –interrumpió mi tío Martín queriendo quitar seriedad al asunto.
-Bueno… vale. –dije mientras avanzaba desde el umbral de la puerta hasta el centro del salón, donde todos me estaban mirando, estaba avergonzada, no me gusta hablar en público.
-Ven, siéntate aquí. –dijo mi tía Alicia, me senté y me echó el brazo por encima. -¿Qué tienes que contestar que estás tan preocupada?
-Verán… anoche fuimos a la calle de los comercios y llevé a Carlitos al McDonald’s donde nos atendió una chica bastante triste, terminó explicándome que su hija estaba en casa esperando a que ella llegara de trabajar, y era casi la una. Carlitos y yo, al ver su cara y por como nos contó…A nosotros… pues… se nos ocurrió… comprarle una muñeca a su hija, -me interrumpí- que estaban baratísimas anoche, ¿eh? – todos opinaron y asintieron, seguí- y cuando fuimos a llevársela a la chica, nos dijo que no sabría quien se la había regalado y nos sacamos unas fotos en una cabina, -saqué las fotos que me había quedado y la enseñé- miren es ésta chica – expliqué -  le apunté mi número…. Porque quería saber como había recibido la niña la muñeca, y antes me ha contestado y me ha contando mas o menos su historia, -saqué el móvil y se lo enseñé a mis padres, mientras ellos leían la conversación, se la expliqué un poco a mis tíos- y quería saber… si… bueno… ¿hice mal?

Todos guardaron un momento de silencio. Mis padres me miraron.

-No, no hiciste mal, pero podías habérnoslo contado antes, ha sido irresponsable darle tu número a una desconocida, y una tontería meterte en la vida de alguien comprándole un regalo a su hija – yo escuchaba cabizbaja mientras mi tía mi abrazaba. – pero no has hecho mal, ahora que sabes la historia, no. Pero podías haberlo pensado antes o consultárnoslo. –dijeron.

Miré a mis padres que me miraban con cara entre orgullo y decepción.

-Pero, ¿me la voy a cargar?
-No, pero no lo hagas más, la próxima vez, consúltanos.
-Vale… ¿podré seguir hablando con ella, mamá, papá? – pregunté mientras apretaba fuertemente la cintura de mi tía.
-…- mis padres se miraron y no sabían que decir.
Mi tía interrumpió diciendo -¿por qué no? Mientras todo sea normal, ¿no? – y miró a mis padres.
Ellos nos miraron, se miraron.
-Mientras todo sea normal, no veo por qué no.

Sentí un gran alivio, miré a mis tíos, a todos, y todos sonreían, excepto mi tía Clara, era una sentimental, al escuchar la historia que contaba empezó a emocionarse, aún estaba secándose lágrimas mientras me miraba, miré a mi tía Alicia y le sonreí.


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