viernes, 10 de enero de 2014

CAPÍTULO 16

En el coche todo transcurrió tranquilo, Tomás conducía con bastante precaución, demasiada me atrevería a decir, yo iba de copiloto investigando y toqueteando todos los botones de la radio, pues no encontraba ninguna emisora que valiese la pena como los 40 o Europa, y mi madre y Carlitos iban en los asientos traseros. El trayecto lo pasamos hablando de todo un poco.

Al llegar al centro comercial, mi madre nos acompañó al cine.

-Bueno mamá, nos vemos en… ¿unas 2 horas? – le dije.
-Vale, oye, ¿tienes dinero suficiente? – me preguntó.
-No se… - miro en mi cartera y encuentro un billete – sólo 10 euros.
-Toma 10 más y no te lo gastes todo. –bromeó.
-Vale –le sigo la corriente y le doy un beso.
- Y tú, ¿no me das uno? – le pregunta a Carlitos, que se acerca y se lo da. – Pasenlo bien.
-Adiós. -Nos despedimos.

Me uní a Tomás, que estaba en la cola para comprar las entradas, con Carlitos cogido de mi mano.

-¿Qué, Cómo vas? – le preguntó.
-Voy. –bromea.
-Oye, ¿el niño se sienta con nosotros o le damos autonomía? Usted decide, mamá.
-Que gracioso, pues no se… como él quiera, ¿no?
-Yo preferiría tenerle vigilado, pero no se, tú eres la responsable de los dos. –Reimos.
-Carlitos, ¿quieres sentarte con nosotros o sentarte tú solo? –le pido opinión
-Yo quiero sentarme contigo Ro. –me contesta.
-Vale, pues te sientas conmigo. –Miro a Tomás y los dos reímos.

Pasamos a ventanilla.

-¿Qué va a ser? –preguntó el chico.
- Tres para la tortuga. –contestó Tomás.

La cara del chico era indescriptible, nos miraba como si estuviera pensando: “¿Y de qué me está hablando el tío éste ahora?” No pude aguantar y estallé en una carcajada.

-Tres para Las Aventuras de Sammy, por favor. –le aclaré.
-¡Ah, esa tortuga, vale, vale! – dijo riendo.

Nos entregó las entradas, me dispuse a sacar la cartera para pagar el cine.

-De eso nada, yo les invité, yo pago. – Me dijo Tomás mientras me hacía guardar la cartera.
-Bueno, pero tengo la tarjeta del cine y el carné de estudiante.
-Da igual, yo invito. – Asentí.

Cogí las entradas, nos dimos la vuelta y caminamos hasta la entrada del cine.

-Debiste dejarme pagar aunque sea lo de Carlitos. –le repliqué.
-No, que va, mientras salgas conmigo no vas a tener que pagar nada. –me contesta dulcemente.
-No, venga ya, no me hagas sentir mal y aprovechona…
-No lo eres, yo lo se, tu lo sabes, ¿Qué mas da?

Le miré y no pude resistir el darle un beso, siempre era tan tierno conmigo. Pasamos el vestíbulo, cogí una butaca para Carlos y entramos en la sala, allí, buscamos los asientos y nos sentamos.

Pasé las dos horas de cine más divertidas desde hacía tiempo, la película era infantil, pero me gustó y Tomás y Carlitos no pararon de bromear durante toda la proyección. Nos tuvieron que llamar la atención, al menos cinco veces.

Al acabar la película nos reunimos con mi madre en la entrada del cine, y mientras hablamos de la película llegamos al coche, mi madre dejó las bolsas en el maletero y nos subimos. De camino a casa Tomás y yo reímos de cómo Carlitos contaba el argumento de la película, las bromas que hicimos y todo lo que nos reímos.

Llegamos a mi casa y Tomás paró el coche en la puerta para descargar. Mi madre se bajó del coche y acto seguido lo hizo Tomás, mientras mi madre abría la puerta de casa, el chico, abrió el maletero, cogió las bolsas y las entró en casa, mi madre no supo qué hacer y se le quedó mirando, yo, desde el interior del coche me reía de la cara de mi madre.

-Gracias, Tomás, muy amable por tu parte. –agradeció.
-No hay de qué. Era lo adecuado. –sonrió.
-Pues ahora lo adecuado es que te quedes a cenar, ¿no? –le ofreció.
-No, mejor me vuelvo a casa, no quiero molestar.
-¿Qué dices? No, no, tú cenas aquí con nosotros.
-Como quiera, voy a aparcar.

Se subió al coche y me miró sonriendo.

-¿Qué pasa? –le pregunté.
-Que me quedo a cenar contigo, pequeña.
-¿En serio?
-Bueno, contigo y con tu familia.
-¿No piensas volver a tu casa nunca o qué?- bromeé.
-Que va, estoy mejor aquí contigo.

Reímos y bajamos del coche, tomé a Carlitos de la mano y nos dirigimos a mi casa.
Según entré en casa me fui a mi cuarto y me cambié de ropa, me puse un pijama y salí al salón.

-¿Tu no vives sin pijama? –bromeó Tomás.
-Por supuesto que no, es lo mas cómodo del mundo. –le dije dirigiéndome a él.

Me agarró de la cintura y yo le rodeé con mis brazos.

-Pues yo creo que más cómodo es no llevar nada ¿eh?- me susurró al oído.

Le miré y levantó una ceja.

-Serás cerdo… -dije mientras me separaba de él para ayudar a mi madre con la cena.

Llegó mi padre de trabajar, saludó a Tomás y nos pusimos a ver la tele todos juntos. Cenamos y Tomás se fue a su casa. Fui a la cocina a ayudar a mi madre a fregar.

-¿Y eso que se quedó a cenar? –le pregunté.
-Pues porque parece buen chico, además te llevó a ti y a Carlitos al cine, nos trajo a todos y me ayudó a bajar la compra, ¿qué menos? –explicó.
-Ah, está bien. Me voy a ir a acostar mamá. – le dije dándole un beso.
-Vale, buenas noches, acuesta a Carlitos también.

Así lo hice, acosté a Carlitos y yo me tumbé en mi cama hasta que me dormí.


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