En el coche todo transcurrió
tranquilo, Tomás conducía con bastante precaución, demasiada me
atrevería a decir, yo iba de copiloto investigando y toqueteando
todos los botones de la radio, pues no encontraba ninguna emisora que
valiese la pena como los 40 o Europa, y mi madre y Carlitos iban en
los asientos traseros. El trayecto lo pasamos hablando de todo un
poco.
Al llegar al centro comercial, mi madre
nos acompañó al cine.
-Bueno mamá, nos vemos en… ¿unas 2
horas? – le dije.
-Vale, oye, ¿tienes dinero suficiente?
– me preguntó.
-No se… - miro en mi cartera y
encuentro un billete – sólo 10 euros.
-Toma 10 más y no te lo gastes todo.
–bromeó.
-Vale –le sigo la corriente y le doy
un beso.
- Y tú, ¿no me das uno? – le
pregunta a Carlitos, que se acerca y se lo da. – Pasenlo bien.
-Adiós. -Nos despedimos.
Me uní a Tomás, que estaba en la cola
para comprar las entradas, con Carlitos cogido de mi mano.
-¿Qué, Cómo vas? – le preguntó.
-Voy. –bromea.
-Oye, ¿el niño se sienta con nosotros
o le damos autonomía? Usted decide, mamá.
-Que gracioso, pues no se… como él
quiera, ¿no?
-Yo preferiría tenerle vigilado, pero
no se, tú eres la responsable de los dos. –Reimos.
-Carlitos, ¿quieres sentarte con
nosotros o sentarte tú solo? –le pido opinión
-Yo quiero sentarme contigo Ro. –me
contesta.
-Vale, pues te sientas conmigo. –Miro
a Tomás y los dos reímos.
Pasamos a ventanilla.
-¿Qué va a ser? –preguntó el
chico.
- Tres para la tortuga. –contestó
Tomás.
La cara del chico era indescriptible,
nos miraba como si estuviera pensando: “¿Y de qué me está
hablando el tío éste ahora?” No pude aguantar y estallé en una
carcajada.
-Tres para Las Aventuras de Sammy, por
favor. –le aclaré.
-¡Ah, esa tortuga, vale, vale! –
dijo riendo.
Nos entregó las entradas, me dispuse a
sacar la cartera para pagar el cine.
-De eso nada, yo les invité, yo pago.
– Me dijo Tomás mientras me hacía guardar la cartera.
-Bueno, pero tengo la tarjeta del cine
y el carné de estudiante.
-Da igual, yo invito. – Asentí.
Cogí las entradas, nos dimos la vuelta
y caminamos hasta la entrada del cine.
-Debiste dejarme pagar aunque sea lo de
Carlitos. –le repliqué.
-No, que va, mientras salgas conmigo no
vas a tener que pagar nada. –me contesta dulcemente.
-No, venga ya, no me hagas sentir mal y
aprovechona…
-No lo eres, yo lo se, tu lo sabes,
¿Qué mas da?
Le miré y no pude resistir el darle un
beso, siempre era tan tierno conmigo. Pasamos el vestíbulo, cogí
una butaca para Carlos y entramos en la sala, allí, buscamos los
asientos y nos sentamos.
Pasé las dos horas de cine más
divertidas desde hacía tiempo, la película era infantil, pero me
gustó y Tomás y Carlitos no pararon de bromear durante toda la
proyección. Nos tuvieron que llamar la atención, al menos cinco
veces.
Al acabar la película nos reunimos con
mi madre en la entrada del cine, y mientras hablamos de la película
llegamos al coche, mi madre dejó las bolsas en el maletero y nos
subimos. De camino a casa Tomás y yo reímos de cómo Carlitos
contaba el argumento de la película, las bromas que hicimos y todo
lo que nos reímos.
Llegamos a mi casa y Tomás paró el
coche en la puerta para descargar. Mi madre se bajó del coche y acto
seguido lo hizo Tomás, mientras mi madre abría la puerta de casa,
el chico, abrió el maletero, cogió las bolsas y las entró en casa,
mi madre no supo qué hacer y se le quedó mirando, yo, desde el
interior del coche me reía de la cara de mi madre.
-Gracias, Tomás, muy amable por tu
parte. –agradeció.
-No hay de qué. Era lo adecuado.
–sonrió.
-Pues ahora lo adecuado es que te
quedes a cenar, ¿no? –le ofreció.
-No, mejor me vuelvo a casa, no quiero
molestar.
-¿Qué dices? No, no, tú cenas aquí
con nosotros.
-Como quiera, voy a aparcar.
Se subió al coche y me miró
sonriendo.
-¿Qué pasa? –le pregunté.
-Que me quedo a cenar contigo, pequeña.
-¿En serio?
-Bueno, contigo y con tu familia.
-¿No piensas volver a tu casa nunca o
qué?- bromeé.
-Que va, estoy mejor aquí contigo.
Reímos y bajamos del coche, tomé a
Carlitos de la mano y nos dirigimos a mi casa.
Según entré en casa me fui a mi
cuarto y me cambié de ropa, me puse un pijama y salí al salón.
-¿Tu no vives sin pijama? –bromeó
Tomás.
-Por supuesto que no, es lo mas cómodo
del mundo. –le dije dirigiéndome a él.
Me agarró de la cintura y yo le rodeé
con mis brazos.
-Pues yo creo que más cómodo es no
llevar nada ¿eh?- me susurró al oído.
Le miré y levantó una ceja.
-Serás cerdo… -dije mientras me
separaba de él para ayudar a mi madre con la cena.
Llegó mi padre de trabajar, saludó a
Tomás y nos pusimos a ver la tele todos juntos. Cenamos y Tomás se
fue a su casa. Fui a la cocina a ayudar a mi madre a fregar.
-¿Y eso que se quedó a cenar? –le
pregunté.
-Pues porque parece buen chico, además
te llevó a ti y a Carlitos al cine, nos trajo a todos y me ayudó a
bajar la compra, ¿qué menos? –explicó.
-Ah, está bien. Me voy a ir a acostar
mamá. – le dije dándole un beso.
-Vale, buenas noches, acuesta a
Carlitos también.
Así lo hice, acosté a Carlitos y yo
me tumbé en mi cama hasta que me dormí.
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