CAPÍTULO 17
El Domingo transcurrió sin nada fuera
de lo normal, lo pasé leyendo, escuchando música, hablando con
Tomás y con Carola.
El Lunes entré en el instituto con
total normalidad, iba caminando por el pasillo pensando en qué clase
me tocaba.
-¡¡ROCÍO BRAWS, ALTO AHÍ!! –oí
que me gritaban.
-¡¡YA PUEDES ESTAR CONTANDOLO TODO!!
–seguían gritando.
Me dí la vuelta y vi cómo dos
siluetas corrían hacia mi.
-¡¡ROCÍO MÁS ALLÁ, NO VAYAS MÁS
ALLÁ!! – gritó una mientras reía.
-¡¡PÁRATE AHÍ!! –gritó otra
mientras jadeaba y se reía.
Me detuve, y me giré sobre mis
talones.
-Ja ja ja, que graciosas son – dije
con toda la ironía que pude.
-¿Qué, no es verdad? – jadeaba
Érika mientras reía.
-Eso, si significa Más Allá, es Más
Allá. – bromeaba Valeria
-Sí, en el idioma de mi abuelo. –me
quejé.
-Pero lo es.
-En galés, joder, no en castellano. –
me puse muy seria sin poder evitar una sonrisa
-Bueno, como sea, ¿Qué pasó el
viernes? – preguntó Valeria.
-¿Salió bien o me puedo quedar con
él? – habló casi interrumpiendo Érika.
-¿El qué? – pregunté
desconcertada.
-Tomás, tu novio, que te vino a buscar
para conocer a tus padres… ¿Holaa? ¿En qué mundo vives? –
explicó Valeria pasándome las manos por delante de la cara.
-¿Cómo se puede olvidar algo así?
–Bromeó Érika.
-¡Ah, joder! No me he olvidado, es que
son las ocho de la mañana y estoy pa’llá – me excusé.
-Pues ya te estás despertando…
-Y contándonos – terminó la frase
Valeria.
-Jajaja, vale a ver… fue bastante
bien, recogimos a Carlitos en el colegio, almorzamos en casa, me
acompañó mientras hacía los deberes, luego sacamos a las perras a
pasear y llevamos a Carlitos al parque, que le confundieron con hijo
nuestro, ¡alucinen! Y poco más.
-¿Entonces, bien, no? – preguntó
Érika.
-Pues sí, y no saben lo mejor, luego,
el sábado, apareció en mi casa de repente y nos fuimos al cine con
mi hermano y mi madre le invitó a cenar, cuando mi padre llegó de
trabajar lo vio allí, en el sofá y se quedó de piedra.
Todas nos reímos y seguimos andando
hasta la puerta del aula donde teníamos la primera clase.
-¿Y ustedes, que hicieron este finde?
– les pregunté.
-Nada especial, estuve estudiando para
el examen de Inglés de después y haciendo deberes. –me explicó
Valeria.
-Espera, ¿EXAMEN? ¿QUÉ EXAMEN?
–Pregunté asustada.
-El de inglés, lo pusimos antes de
Navidades –me recordaron.
-¡Mierda! Pues no me acordaba, da
igual, tampoco será muy difícil, estos exámenes son para niños de
3 años…
-Jajaja que típico de ti, todos son
para niños pequeños
-Tía, es verdad me aburren estos
exámenes… ¿y tu, qué has hecho?
-Bueno, pues… y este fin de semana
quedé con un chico… -empezó Érika.
-¿Qué dices? –me sorprendí.
-¡Cuéntanos!
-Se llama Raúl, tiene 19 años y es
súper… no se, no tengo palabras para describirle.
-¿Pero se están conociendo o ya
tienen algo? –preguntó Valeria.
-Nos estamos conociendo, nos conocimos
hace unos días en casa de unos amigos en común, y ahora… pues ya
salimos un poco más solos.
-Me alegro un montón… -dije.
-Pero no vayan a estar haciendo salidas
de parejitas y dejándome a mí de lado, ¿Eh?
-Jajajaja, no, tranquila.
En ese instante sonó el timbre, era
hora de entrar a clase y presentarme al examen. El día pasó normal,
aunque respecto al examen tenía razón, para niños de primaria.
Las semanas pasaron normal, iba a clase
por la mañana, estudiaba por la tarde, quedaba con Tomás los fines
de semana, quedaba con las chicas para dormir en casa de alguna, todo
muy normal hasta que, el 29 celebré con Tomás un mes saliendo,
fuimos al cine y como no había nada interesante, vimos una película
un poco infantil y llevamos a Carlitos con nosotros. Hablando con
Tomás decidimos visitar por primera vez a Carola y Cecilia, pero
tenía que hablarlo con mis padres y con ellas.
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