CAPÍTULO 18
Pedí permiso y lo obtuve, lo consulté
con Carola y le pareció muy buena idea que conociera a Cecilia. Así
que le escribí un whatsapp a Tomás para contárselo.
-Tom!!
-Diiiiiiime!
-Te acuerdas de lo que te conté de la
chica a la que le regalé la muñeca para su hija y tal?
-Si, que pasa?
-Que me gustaría ir a conocer a su
hija. Que te parece?
-Bien, yo que se, por qué me lo
preguntas a mi? Jajajaja
-Porque no quiero ir sola y había
pensado, que igual… No te importaba y venías conmigo…
-Que te lleve, no?
-Jajaja si, más o menos.
-Como te conozco, amor mío.
-A ver, eso y que me gustaría que
vinieses, no se, que compartieras esa experiencia conmigo.
-Claro, que voy contigo, pero y tus
padres?
-Se fían de ti. Tranquilo.
-Pues, cuando vamos?
-Que te parece el sábado?
-Bien, no tengo nada que hacer, iba a
ir a verte.
-Bueno, nos vamos a ver igualmente
Jajaja.
-A que hora?
-No lo se, porque por la mañana igual
o es muy temprano o muy cerca de la hora de comer… mejor de tarde,
no?
-Yo creo que si. Sobre las 4 te puedo
pasar a buscar?
-Si, perfecto.
-Pues nos vemos el sábado que voy a
salir con mi madre.
-Vale, y yo a estudiar.
Dejé el móvil a un lado, en la cama y
me puse en el escritorio a hacer deberes, leer los apuntes, darle
vueltas a los libros… Lo que es estudiar para mí.
Cuando me di cuenta eran las ocho de la
tarde, así que me fui a duchar y me puse en el salón a leer un
libro para clase. Al poco rato, Carlitos se me acercó.
-¿Qué haces? –Preguntó, miré el
libro y lo sacudí.
-¿Tú qué crees, enano?
-Es que me aburro, juega conmigo.
-¿Y a qué quieres que juguemos?
-¡Vamos al parque!
-¿Al parque, de noche? – miré por
la ventana. - ¿Tu has visto la que está cayendo?
-¿Está lloviendo?
-Y tanto, ven mira. – Le cogí y le
subí en mis piernas para que viera por la ventana.
-Pues, al Mario en la Wii? – miré el
libro, que me resultaba de los más aburrido y pesado y miré la cara
de mi hermano, sin duda, íbamos a jugar a la Wii.
-Si, venga, coge los mandos. –le dije
mientras dejaba el libro en el sillón y me rodaba al sofá con mi
hermano.
Estuvimos jugando hasta la hora de
cenar, cenamos, nos lavamos los dientes y nos fuimos a acostar.
Llevaba ya un buen rato en la cama, cuando la puerta se abrió.
-Ro, ¿estás dormida?
-Todavía no, ¿Qué te pasa?
-Me duele la barriga.
-¿Mucho? – le pregunté levantándome
y encendiendo la lámpara.
-Si, ¿puedo quedarme contigo?
-Si, acuéstate aquí, ven. –se
acercó a mi cama y le vi sudar. - ¿tienes ganas de vomitar?
–Asintió. – Acuéstate aquí, voy a llamar a mamá.
Fui a la habitación de mis padres y
llamé a mi madre, que se levantó en seguida, fue a mi habitación y
vio a Carlitos en la cama.
-Rocío, tráeme el termómetro.
-Vale. – fui a la cocina, lo busqué
y se lo llevé. Se lo puso.
-¿Cómo está, mamá? – le pregunté.
-Tiene bastante fiebre.
-¿qué hacemos, vamos al médico,
esperamos…? – estaba bastante preocupada.
-Vamos a esperar. Le pongo paños
húmedos y si en una hora no le baja, lo llevo a urgencias.
-Vale. Yo me quedo aquí con él.
Mi madre fue a preparar lo que iba a
necesitar y yo me quedé con Carlitos en mi cama.
-¿Quieres que te ponga dibujos? –
Asintió.
Encendí la televisión y le puse una
película de dibujos, llegó mi madre con paños y un barreño con
agua y alcohol.
-Esto debería bajarle la fiebre. –dijo
mientras mojaba un paño y se lo ponía en la frente.
-Si te encuentras mal y quieres
vomitar, dímelo, ¿vale? – le dije. Asintió.
Me acosté en mi cama con él y mi
madre se fue a lavarse, y prepararse por si había que ir a
urgencias.
-Ro… - le miré. – Quiero… - se
levantó y corrió hasta el baño.
-Buf, Carlos que asco. –le dije. Me
miró triste y se volvió a mi cama. – ¡Mamá, ya! – le dije. En
ese momento se despertó mi padre.
-¿Qué pasa Rocío, a que viene tanto
ruido?
-El enano, que está malo. –le señalé
mi habitación y fue a ver que le pasaba.
Yo fui a buscarle un vaso de agua a
Carlitos para que bebiera. Había pasado unos 45 minutos desde que me
había venido a buscar y no se encontraba mejor, así que mis padres
decidieron llevarle a urgencias.
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